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miércoles, 9 de mayo de 2012

Cuál es tu definición de Dios?

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como te imaginas a Dios
donde vive Dios ..........................................................  
Dios, centro y objeto de la fe religiosa, la última realidad o simplemente un ser sagrado a quien se adora y se dirigen oraciones. En las religiones monoteístas, el Ser supremo, a quien se considera el único Dios, creador y origen de todo cuanto existe, y al que se describe en términos de atributos perfectos, por ejemplo, su infinitud, inmutabilidad, eternidad, bondad, conocimiento (omnisciencia) y poder (omnipotencia). La mayoría de las religiones atribuyen a Dios ciertos rasgos de carácter, como la voluntad, el amor, la cólera y la misericordia, que pueden interpretarse tanto metafórica como literalmente.
2.CONCEPCIONES DE DIOS Muchos pensadores religiosos han sostenido que Dios es tan diferente de los seres mortales que debe ser considerado en esencia como un misterio más allá de la capacidad de comprensión humana. No obstante, la mayoría de los filósofos y teólogos han supuesto que es posible un conocimiento limitado de Dios y han formulado diferentes concepciones de él en términos de atributos divinos y trayectorias de conocimiento.
2.1.Enfoques filosóficos y religiosos Las concepciones filosóficas y religiosas de Dios han estado muy diferenciadas. En el siglo XVII, por ejemplo, el matemático y pensador religioso francés Blaise Pascal comparó de manera poco propicia el "Dios de los filósofos", una noción abstracta, con el "Dios de la fe", una realidad viva, experimentada. En general los místicos, que reclaman la experiencia directa del ser divino, han afirmado la superioridad de su conocimiento de Dios a las demostraciones racionales de su existencia y de los atributos propuestos por filósofos y teólogos. Algunos teólogos han intentado compaginar los enfoques filosóficos y experimentales de Dios, como en la doble vía del teólogo alemán del siglo XX Paul Tillich, que habló de Dios como la "causa del ser" y el "interés último". Una cierta tensión es quizá inevitable, no obstante, entre el modo en que los doctrinarios hablan de Dios y el modo en que la mayoría de los creyentes piensan de él y lo experimentan.
2.2.Atributos principales Dios puede ser concebido como trascendente (por encima del mundo), haciendo hincapié en su "calidad de otro", su independencia absoluta y su poder sobre el orden mundial; o como inmanente (habitando en el Universo), resaltando su presencia y participación dentro del proceso del mundo. Ha sido pensado como personal, por analogía con los individuos humanos, pero algunos teólogos, por otra parte, han sostenido que el concepto de personalidad es inadecuada para Dios y que debe ser concebido como impersonal o suprapersonal. En las grandes religiones monoteístas, Dios es venerado como lo Uno, la unidad suprema que abarca o ha creado todas las cosas; pero el politeísmo, la creencia en muchos dioses, también ha permanecido enriqueciéndose a través de la historia.
Estos contrastes son a veces combinados mediante procedimientos dialécticos. Así, mientras el teísmo hace hincapié en la trascendencia divina y el panteísmo identifica a Dios con el orden del mundo, en el panteísmo Dios es entendido tanto desde una perspectiva trascendente como inmanente. La doctrina cristiana de la Trinidad y doctrinas similares de otras religiones admiten la unidad y la diversidad interna de Dios. El cristianismo es una modalidad de monoteísmo en que la unidad completa de Dios ha sido modificada. También se ha razonado que Dios tiene aspectos personales e impersonales, o también que sólo él es auténticamente personal y que en el ámbito de la finitud hay sólo una aproximación imperfecta al ser personal. Estos intentos, para unir de manera dialéctica en Dios características opuestas en apariencia, son comunes en escritores religiosos y místicos, y se proponen hacer justicia a la variedad y complejidad de la vivencia religiosa. El filósofo alemán del siglo XV Nicolás de Cusa, por ejemplo, creyendo que Dios sólo puede ser aprehendido a través de la intuición mística, acentuó la "coincidencia de opuestos" en Dios; el filósofo danés del siglo XIX Sören Kierkegaard insistía en la naturaleza paradójica de la fe religiosa. Estas formulaciones sugieren que la lógica del discurso sobre Dios es diferente por sí misma a la lógica que se aplica a las entidades finitas.
3.JUDAÍSMO, CRISTIANISMO E ISLAM En el judaísmo, el cristianismo y el islam, las tres religiones enraizadas con la tradición bíblica, Dios es concebido ante todo en términos de trascendencia, personalidad y unidad.
3.1.La idea judía de Dios La idea de trascendencia es introducida en los versos iniciales de las escrituras hebreas, en las que Dios es presentado como creador y este concepto imprime todo el discurso judío sobre Él. Decir que el mundo es creado significa que no es independiente de Dios o una emanación de Dios, pero sí es externo a Él, un producto de su voluntad, por eso Él es Señor de toda la tierra. Esto explica la antipatía que los judíos sienten hacia la idolatría (ninguna criatura puede representar al Creador, por lo que está prohibido hacer ninguna imagen material suya). Sin embargo, es también parte de la doctrina referida a la creación que el ser humano fue hecho a imagen de Dios; por ello, la comprensión hebrea de Dios fue francamente antropomórfica. Él prometía y amenazaba, podía enojarse y ser asimismo envidioso; pero sus atributos principales eran virtud, justicia, compasión, verdad y lealtad. Es representado como rey, juez y pastor. Él establece pactos con su gente y así se autolimita. Como Dios, a pesar de su condición antropomórfica, es una divinidad viva. Es verdad que el nombre de Dios, Yahvé, era entendido como "Yo soy el que es", pero no era tomado por los hebreos de la época bíblica en el sentido abstracto y metafísico en el que se le consideró más tarde. El Dios hebreo era único y su mandato fue, "¡No tendréis otros dioses delante de mí!" (aunque en algunos pasajes bíblicos el Espíritu del Señor y el Ángel del Señor y, en posteriores especulaciones judías, la sabiduría divina parecen ser seres divinos secundarios).
3.2.Concepción cristiana El cristianismo emprendió su andadura como una secta judía y así asumió al Dios de los hebreos, y las Escrituras judías se convirtieron con el tiempo, para los cristianos, en el Antiguo Testamento. Durante su magisterio, Jesús fue quizá entendido como un hombre santo de Dios, pero a finales del siglo I los cristianos le habían ensalzado como pastor divino, y esto creó la tensión con la tradición monoteísta del judaísmo. La solución del problema fue el desarrollo de la doctrina de Dios trino o Trinidad que, pese a insinuarse en el Nuevo Testamento, no fue formulada de un modo completo hasta el siglo IV. El Dios del Antiguo Testamento se convirtió, para los cristianos, en el Padre, un título que el mismo Jesús le había aplicado y por el que se proponía hacer hincapié en su amor y cuidado más que en su poder. Jesús mismo, reconocido como Cristo, fue entendido como el Hijo encarnado o la Palabra divina (Logos), la manifestación concreta de Dios en el orden finito. Ambas expresiones, Hijo y Palabra, implican un ser, que es a la vez distinto del Padre e incluso tan próximo, relacionado como ser 'de la misma sustancia' (del griego, homoousios) con Él. El Espíritu Santo -en Occidente se dice que procede del Padre y del Hijo, en Oriente que procede sólo del Padre (después de la controversia del filioque)- es la presencia inmanente y la actividad de Dios en la creación, por la que lucha para conducirla a la perfección. Aunque la teología cristiana habla de las tres "personas" de la Trinidad, no hay tales personas en el sentido moderno, sino tres modos de ser del mismo y único Dios.
3.3.Islam El islam surgió como una poderosa reacción contra las antiguas culturas paganas de Arabia y, como consecuencia de ello, es la que profesa su monoteísmo con mayor rigidez entre las tres religiones de raíz bíblica. El nombre de Alá significa simplemente 'El Dios'. Es personal, trascendente y único, y a los musulmanes se les prohibe representarlo con cualquier forma viviente. El credo principal se resume en la proclamación: "No hay dios más que Alá y Mahoma es su profeta". Alá tiene siete atributos básicos: vida, conocimiento, poder, voluntad, oído, vista y habla. Las tres últimas no se entienden en un sentido antropomórfico. Su voluntad es absoluta, y todo lo que ocurre depende de ella, incluso hasta el punto de que creyentes y no creyentes están predestinados a la fe o a la falta de fe.
4.RELIGIONES DE ASIA Y OTRAS A pesar de las diferencias, las concepciones de Dios en el judaísmo, el cristianismo y el islam tienen un obvio parecido familiar. Las grandes religiones de Asia, sin embargo, pertenecen a un esfera muy distinta. Incluso el uso de la palabra Dios en un contexto religioso asiático puede ser engañoso, porque por regla general lleva la connotación de personalidad. Una expresión más amplia que englobaría tanto la idea de un Dios personal y la idea de un absoluto impersonal o suprapersonal es el Ser Sagrado.
4.1.Hinduismo En el hinduismo, el Ser Sagrado puede ser comprendido de diferentes maneras. Desde una perspectiva filosófica, es entendido como Brahman, la realidad única eterna, absoluta, que abarca todo lo que es, de modo que el mundo que cambia es sólo la apariencia exterior (maya). En la religión popular se reconocen muchos dioses, pero entendidos con propiedad, son manifestaciones de Brahman, y cada uno de ellos tiene su propia función. Los tres dioses principales, Brahma, Visnú y Siva (encargados de la creación, la preservación y la destrucción), están unidos como el Trimurti, o los tres poderes. Hablando en sentido estricto, el dios creador no crea en el sentido judeocristiano, porque el mundo es eterno y él es tan sólo el dios que ha estado desde la génesis de los Tiempos. En el hinduismo Bhakti, el camino de la devoción personal, el dios Isvara se concibe como personal y no es diferente al dios judeocristiano.
4.2.Budismo y religión china Se dice a veces que el budismo Theravada es ateo, pero no es así. Los dioses son reales, pero no son lo fundamental. La realidad última o Ser Sagrado, constituye el orden cósmico impersonal. Una idea semejante se encuentra en la religión griega antigua, en la que el destino cósmico parece haber sido superior incluso a los grandes dioses. En el budismo Mahayana de China y Japón, Buda mismo fue transformado en un ser divino, aunque la vinculación con el Buda histórico se volvió muy tenue o incluso desapareció, de ahí que las figuras de Buda en el Lejano Oriente sean consideradas seres cósmicos.
En las religiones chinas indígenas, el politeísmo puro de las culturas populares fue modificado por el contacto con las tradiciones filosóficas desarrolladas por la minoría erudita. En estas filosofías el Ser Sagrado último también parece haber sido concebido como una categoría impersonal. En el taoísmo, es el ritmo del Universo; en el confucianismo es la ley moral del cielo.
4.3.Politeísmo y animismo En el politeísmo, hay muchos seres sagrados, cada uno de los cuales manifiesta algún atributo divino particular o cuida de algún aspecto concreto de la naturaleza o de las cuestiones humanas. El politeísmo fue la forma más común de religión en el mundo antiguo y estuvo muy desarrollada en Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma, entre otras civilizaciones. Tiende, sin embargo, a evolucionar en una forma de religión que muestra una concepción unitaria de la divinidad (como demostró el hinduismo), bien por ejercer la crítica filosófica o porque una de las deidades en el panteón politeísta adquiera una superioridad contundente. Se solían concebir los dioses de un panteón con algún lazo familiar, lo que aseguraba desde el principio un sentido de su unidad. El politeísmo se desarrolló casi con regularidad a partir de una forma más tradicional de religión (todavía practicada en muchas partes del mundo) llamada animismo, la creencia en una multitud de fuerzas espirituales, localizadas y limitadas en su poder, algunas amistosas y otras hostiles. En el animismo el sentido de Ser Sagrado se difunde por todo el Universo.
4.4.Sumario de tipos principales Una serie de tipos, cada uno transformándose en los otros, puede ser extraído de este estudio. En el monoteísmo del judaísmo y del islam, el Ser Sagrado se concibe en su aspecto más trascendente y personal. En el trinitarianismo cristiano, se hace un intento para sintetizar la trascendencia y la inmanencia. En las religiones de Asia que se han tratado, se resalta la inmanencia y naturaleza impersonal del Ser Sagrado (aunque algunas formas de hinduismo y budismo no excluyen aspectos personales de la condición divina).
5.FUNDAMENTOS PARA LA CREENCIA EN DIOS Aunque las concepciones de Dios han variado de modo considerable, en dependencia del periodo histórico, cultura y grupo de que se trate, una misma fe en un Ser Sagrado ha sido predominante en algún sentido en casi todas las sociedades a través de la historia. Sin embargo, esta creencia ha sido puesta en duda desde los tiempos antiguos por doctrinas como el escepticismo, el materialismo, el ateísmo y otras formas de descreimiento, y la proporción de no creyentes es más alta en las sociedades modernas que en la mayoría de las sociedades del pasado.
5.1.Variedades de incredulidad Los argumentos en contra de la creencia en Dios son tan numerosos como los que existen a su favor. El ateísmo niega de modo absoluto la existencia de Dios. Algunos, por ejemplo, creen que el universo material constituye la realidad última; otros argumentan que el predominio del sufrimiento y del mal en el mundo imposibilita la existencia de un ser sagrado. Los agnósticos creen que la evidencia a favor y en contra de la existencia de Dios es cuestionable; por lo tanto suspenden el juicio en beneficio de la duda. Los positivistas creen que la investigación racional se halla restringida a las cuestiones del hecho empírico o demostrable por vías positivas y científicas, por lo que no tiene sentido ni afirmar ni negar la existencia de Dios.
5.2.La naturaleza de la creencia en Dios Si Dios es el fundamento u origen del ser y no simplemente otro ser, aun el ser supremo o más elevado que concebirse pueda, entonces no existe en el sentido en que se encuentran las cosas en el mundo. Puede ser incluso engañoso decir, "Dios existe", aunque es el modo tradicional de hablar. Creer en Dios es tener fe en el fundamento último del ser, o confiar en la racionalidad última y la virtud de la disposición completa de las cosas. Este modo de expresar el tema deja en el aire las cuestiones de la trascendencia e inmanencia, ser personal e impersonal, entre otras. El fundamento principal para creer en Dios debe encontrarse en la experiencia, y en concreto en la experiencia religiosa. Hay muchas experiencias en las que la gente ha sido consciente del Ser Sagrado que afecta a sus vidas -experiencias místicas, conversión, una sensación de presencia, a veces visiones o locuciones- y que pueden sentirse con la fuerza de una revelación. Junto a experiencias religiosas en sí mismas hay otras en las que la gente llega a ser consciente de una profundidad o una finalidad que ellos llaman Dios (experiencias morales, relaciones interpersonales, sensación de belleza, la búsqueda de la verdad, la conciencia de finitud, incluso la confrontación con el sufrimiento y la muerte). A veces se producen las llamadas situaciones límite (término utilizado en el siglo XX por el filósofo alemán Karl Jaspers), porque aquéllos que sufren tales experiencias parecen chocar contra los límites de su propia existencia. Al hacer esto, sin embargo, llegan a ser conscientes de un ser que trasciende su propio ser, con el que todavía sienten tanto diferencia como afinidad. Llegan a ser conscientes de lo que en el siglo XX el teólogo protestante Rudolf Otto denominó, en una clásica descripción, mysterium tremendum et fascinans, el misterio que produce a la vez temor y fascinación.
5.3.Argumentos formales para la existencia de Dios Para un incalculable número de personas estas experiencias del Ser Sagrado son auto-autentificadas, y sienten que no necesitan indagar más. Toda experiencia humana, sin embargo, es falible. Errores de percepción son experiencias cotidianas, y concepciones falsas del mundo natural, la Tierra, los cuerpos celestes y otras análogas han prevalecido durante miles de años. Es por lo tanto posible que la experiencia del Ser Sagrado sea ilusoria, y esta posibilidad ha llevado a algunos creyentes a buscar una base racional para sostener su fe en Dios con la confirmación de la propia experiencia. Numerosos intentos se han llevado a cabo para probar la realidad de Dios. El teólogo escolástico medieval san Anselmo afirmó que la misma idea de un ser de quien nada más perfecto puede ser concebido supone su existencia, pues la existencia es en sí misma un aspecto de la perfección. Muchos filósofos han negado la validez lógica de la transición de la idea a la existencia real, pero todavía se discute este razonamiento ontológico. El teólogo del siglo XIII santo Tomás de Aquino rechazó el razonamiento ontológico, pero propuso otras cinco pruebas de la existencia de Dios que todavía son aceptadas de forma oficial por la Iglesia católica apostólica romana: 1) la realidad del cambio requiere un agente del cambio; 2) la cadena de la causalidad necesita fundarse en una causa primera que no es causada; 3) los hechos contingentes del mundo (hechos que pueden no haber sido como son) presuponen un ser necesario; 4) se puede observar una gradación de las cosas desde lo más alto a lo más bajo, y esto apunta hacia una realidad perfecta en el punto más alto de la jerarquía; 5) el orden y el diseño de la naturaleza demandan como fuente un ser que posea la más alta sabiduría. El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant rechazó y refutó los razonamientos de Tomás de Aquino, pero sostuvo la necesidad de la existencia de Dios como el soporte o garante de la vida moral. Estas razones para afirmar la realidad de Dios han sido sometidas todas a repetidas críticas y siguen siendo replanteadas para recibir nuevas apreciaciones. Hoy día está aceptado de un modo general que ninguna de ellas constituye una prueba, pero muchos creyentes dirán que los razonamientos acumulan una fuerza que, aunque tiene poco de prueba, supone una fuerte probabilidad, sobre todo en conjunción con la evidencia de la experiencia religiosa. En último extremo, la creencia en Dios es, como muchas otras creencias importantes, un acto de fe, una fe que tiene que estar enraizada en la experiencia personal.



 Espero que te haya servido esta  información. FIM
                                                          

El judaismo



1.-Dios: El Dios del judaísmo es un Dios que habla, se revela al hombre en la historia y actúa en ella para liberar al pueblo judío. Sus palabras y sus revelaciones se han ido produciendo a lo largo de toda la historia del pueblo judío: comenzaron con Abraham, con el que hizo una alianza y siguieron con Moisés y con los profetas.
El Dios de los judíos es inaccesible, distinto a los demás hombres, pero a la vez cercano y preocupado por los hombres, a los que se va revelando.Mientras se revela va liberando al pueblo judío, liberación que será definitiva en el futuro. Todo procede de Él, Tierra y Cielo, animales y personas, y no hay más Dios que Él.
Mediaciones:
2.-Mitos y relatos:
Libro:
Torá
Para el judaísmo rabínico, el estudio de la Torá, que es la voluntad revelada de Dios, también es considerado como un acto de adoración. Todos los días durante los servicios religiosos de las mañanas, se recitan pasajes de las Escrituras, la Mishná y el Talmud. Los lunes y los jueves por la mañana, se saca de un arca, que está en la parte frontal de la sinagoga, un rollo que contiene la Torá, escrito a mano. Luego se procede a su lectura cantada frente a la congregación de los fieles. La lectura litúrgica de la Torá más importante es la que se realiza durante el shabat y en las mañanas de otras festividades. A lo largo del año, durante los sábados, se terminará leyendo toda la Torá. El ciclo anual comienza nuevamente cada otoño, con una celebración llamada Simjat Torá (`regocijaos con la ley'), que concluye al final de la fiesta del Sukot. La lectura que se realiza de la Torá durante las fiestas, versa sobre distintos temas y observancias, dependiendo del día que se realice. La lectura de la Torá durante los sábados y las fiestas, es acompañada de la lectura de escritos de los profetas relacionados con los mismos temas (Haftará, que significa conclusión). Por eso, la lectura en público de las Escrituras es una parte fundamental del culto religioso en la sinagoga. De hecho, en un principio, ésta parece haber sido la función más importante de la sinagoga como institución religiosa.
Relatos y mitos más representantes:
Alianza
El segundo gran concepto del judaísmo es el de la alianza (berit) o pacto entre Dios y los judíos. De acuerdo con la tradición, el Dios de la creación estableció una relación muy especial con el pueblo judío en el Sinaí. Ellos reconocerían en Dios a su único y último rey y legislador, comprometiéndose a obedecer sus leyes. Como recompensa, Dios reconocería a Israel como su pueblo, y estaría especialmente atento a su bienestar. Los autores bíblicos, y más tarde la tradición judía, consideraron esta alianza en un contexto universal. Pero, después de sucesivos fracasos para lograr establecer una alianza con la rebelde humanidad, Dios se centró en un segmento particular de ésta. Israel está llamado a ser `el reino de los sacerdotes', y el orden social ideal, que se establecería de acuerdo con las leyes divinas, sería un modelo para la humanidad. Así pues, Israel se encuentra entre Dios y la humanidad, como mediador entre ambos.
La idea de la alianza también determina la manera como se ha considerado tradicionalmente la naturaleza y la historia en el judaísmo. El bienestar económico de Israel se basa en la obediencia que el pueblo debe prestar a los mandamientos de Dios. Tanto los acontecimientos históricos como los naturales que afectan a Israel, son interpretados como algo que procede de Dios, fruto del comportamiento religioso del pueblo de Israel. De esta forma, existiría una conexión causal directa entre el comportamiento humano y su destino. Esta visión acentúa el problema de la teodicea (justicia de Dios) en el judaísmo, porque la experiencia histórica, tanto de los judíos tomados individualmente, como de su pueblo en general, con bastante frecuencia ha sido de sufrimiento. A partir del libro de Job, una buena parte del pensamiento religioso judío se ha preocupado del problema de la aseveración (afirmación) de lo que es la justicia y su significado frente a la injusticia. A medida que fue pasando el tiempo, el problema fue perdiendo importancia. Comenzaron a creer que, durante el juicio final después de la muerte, la virtud y la obediencia serían recompensadas y el pecado castigado, compensando así las injusticias de este mundo. El sufrimiento y la humillación de la dominación extranjera y el exilio forzado de la tierra de Israel que tuvieron que sufrir los judíos, al final de los tiempos también encontraría su recompensa cuando Dios envíe al Mesías (mashiaj, el ungido con aceite de rey), un vástago de la casa real de David, que vendría a redimir a los judíos y a devolverles la soberanía sobre sus tierras. Desde épocas muy tempranas, el mesianismo ha constituido una base significativa en el pensamiento judío. El anhelo por la llegada del Mesías se intensificaba notablemente durante periodos de problemas y calamidades. A la larga, se estableció una conexión entre el mesianismo y el concepto de Torá: cada judío, individualmente, a través del estudio constante y de la observancia de los mandamientos de Dios, podría acelerar la llegada del Mesías. Por eso, todo acto individual tenía resonancias cósmicas.
Personajes más importantes:
Los rabinos
A pesar de que las distintas formas del judaísmo están enraizadas en la Biblia hebrea (a la que los judíos llaman Tanak, acrónimo de sus tres partes: Torá, el Pentateuco; Neviím, los Profetas; Ketuvim, los Hagiógrafos), sería un error considerar el judaísmo simplemente como la religión del Antiguo Testamento. En el fondo, el judaísmo contemporáneo deriva del movimiento de los rabinos de los primeros siglos de la era cristiana en Palestina y Babilonia, y por eso se le llama judaísmo rabínico. En arameo y en hebreo, Rabí significa `mi maestro'. Los rabinos, sabios judíos que se dedicaban al estudio de las Escrituras y de sus propias tradiciones, sostenían que Dios, en el monte Sinaí, había revelado a Moisés una doble Torá. Además de la Torá escrita (las Escrituras), Dios le habría revelado una Torá oral, fielmente transmitida por medio de palabras, de maestro a discípulo, por una cadena irrompible y que aún hoy existe entre los rabinos. Para ellos, la Torá oral resumía en la Mishná (aquello que se aprende o memoriza), el documento más antiguo de la literatura rabínica; fue editada en Palestina a finales del siglo III. A raíz de esto, el estudio rabínico de la Mishná en Palestina y en Babilonia generó dos versiones del Talmud (lo que se estudia; en arameo se utilizó el término Guemará, que significa lo mismo), que estudiaban en profundidad los contenidos de la Mishná. El Talmud babilónico, editado aproximadamente en el siglo VI, se transformó en el documento fundacional del judaísmo rabínico.
Los primeros escritos rabínicos incluían comentarios exegéticos y homilías acerca de pasajes de las Escrituras, así como varias traducciones al arameo del Pentateuco, y de otros libros del Antiguo Testamento (los targumim). Los escritos rabínicos medievales incluían codificaciones de la ley talmúdica, de los cuales, la que goza de máxima autoridad es el Shulján Aruj (`La mesa dispuesta') del siglo XVI, escrita por José ben Efraín Caro. En el judaísmo, el estudio de la Torá hace referencia al estudio de toda su literatura, no simplemente del Pentateuco (Torá, en un sentido estricto).
Ritos:
Bendiciones
Además de las oraciones a lo largo del día, los judíos recitan numerosas bendiciones, siempre antes de algunos actos importantes y antes de disfrutar de las bondades de la naturaleza. Para los judíos, la tierra pertenece a Dios. Los seres humanos simplemente son agricultores o jardineros arrendatarios de esta tierra. Por lo tanto, los arrendatarios no deben olvidar que parte de los frutos le corresponden al dueño.
---La comunidad judía también mantiene la observancia de los acontecimientos más significativos dentro del ciclo de la vida. A los ocho días de haber nacido, los niños varones son iniciados públicamente en la asamblea de Abraham por medio de la circuncisión (berit milá). Los niños llegan a la madurez legal a los 13 años de edad, cuando asumen la responsabilidad de mantener la observancia de los mandamientos (Bar Mitsvá) y son llamados por primera vez para que lean la Torá en la sinagoga. Las niñas alcanzan la madurez a los 12 años y, en las sinagogas modernas liberales, también leen la Torá (Bat Mitsvá). Durante el siglo XIX, el movimiento modernista reformado instituyó la práctica de la confirmación para los jóvenes, hombres y mujeres. La ceremonia se realiza durante Shavuot, e implica la aceptación de la fe revelada en el Sinaí. El siguiente hito de importancia en la vida de los judíos es el matrimonio (kidushín, `santificación'). Incluso en los momentos de mayor alegría en sus vidas, los judíos recuerdan los sufrimientos de su pueblo. Por eso, dentro de las siete bendiciones del matrimonio se incluyen rezos de peticiones por la reconstrucción de Jerusalén y por el regreso de los judíos a Sión. Durante los entierros judíos, la petición por la resurrección del muerto está incluida dentro de un rezo en el que se pide por la redención de todo el pueblo judío. Los hombres judíos más piadosos son enterrados con su talit.
Fiestas:
El sábado conmemora el descanso de Yavé después de los seis días de creación. Comienza el viernes por la tarde y acaba el sábado por la noche cerrada, absteniéndose de hacer cualquier trabajo y acudiendo a la sinagoga.
Dentro del año judío existen cinco grandes fiestas y dos de menor importancia. En un principio, tres de las mayores tenían su origen en la agricultura y se relacionaban directamente con las estaciones del año en Israel. La fiesta de la primavera o Pésaj (Pascua), marcaba el inicio de la cosecha de la cebada, y cincuenta días más tarde, el Shavuot (`semanas' o Pentecostés) marcaba su término. Durante el Sukot (`tabernáculo') se celebra la cosecha de otoño, fiesta que va precedida por un periodo de diez días de purificación de toda la comunidad. Desde épocas muy antiguas, se han asociado estas fiestas con acontecimientos importantes de la historia de Israel. La Pascua conmemora el éxodo desde Egipto. Shavuot se relaciona con el momento en que Dios, en el monte Sinaí, entregó la Torá al pueblo de Israel. Esta fiesta está marcada por la solemne lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga. Sukot aún es observado como una fiesta de la cosecha; se instalan cabañas en los campos (o en las casas) y los judíos comen en ellas durante los siete días que dura la fiesta; esta práctica simboliza las tiendas en las que los israelitas moraron durante su viaje a la Tierra Prometida. El periodo de los diez días de penitencia que preceden a Sukot se inicia con la celebración del año nuevo, el Rosh Ha-shaná, y termina con el Yom Kipur, el Día de la Expiación. De acuerdo con la tradición, el mundo es juzgado cada año nuevo y el fallo se da por cerrado el Día de la Expiación. El día de año nuevo se hace sonar un cuerno de carnero (shofar) para invitar a la gente al arrepentimiento. El Día de la Expiación es el día más sagrado dentro del calendario judío, y transcurre en medio de ayunos, rezos y confesión de las culpas. Su liturgia comienza con la entonación del Kol Nidré, incluyendo, además, un recuerdo a los ritos que se realizaban en el Templo (avodá).
El origen de las dos fiestas menores, Januká y Purim, es más tardío que el de las cinco fiestas del Pentateuco antes mencionadas. La Januká (`consagración') conmemora el triunfo de los Macabeos sobre el rey sirio Antíoco IV Epífanes en el 165 a.C. y la consiguiente construcción del segundo templo. La fiesta de Purim (`porciones', `suertes') recuerda la historia de la salvación de los judíos persas por Ester y por Mardoqueo. Se celebra un mes antes de Pascua y se caracteriza porque en la sinagoga se lee el festivo rollo de Ester (meguilá). El año litúrgico termina con cuatro días de ayuno en memoria del asedio y la posterior destrucción de los dos templos, en los años 586 a.C. y 70 d.C. De éstos, el más importante es el de Tishá be Av (noveno día del mes Av), día en el que los dos templos fueron destruidos.
Oración:
Por tradición, los judíos rezan tres veces al día: por la mañana (shaharit), por la tarde (minjá) y al anochecer (maariv). Se cree que estos tres momentos de oración corresponden a los tiempos en que los sacrificios se ofrecían en el templo de Jerusalén. Tanto así, como de otras maneras, el judaísmo rabínico aún conserva la estructura del ya abandonado culto en el templo. Las congregaciones mínimas (minyán) para rezar están formadas por grupos de diez hombres.
El único elemento que se requiere para todos los servicios religiosos judíos es el de una serie de bendiciones llamadas Tefillá (rezo); también recibe el nombre de Amidá, o rezo de pie, porque se recita en esa posición, y el Shemoné Esré, que recibe este nombre porque originalmente estaba compuesto por dieciocho bendiciones. Hoy en día, los rezos que se realizan durante los días de semana se componen de diecinueve bendiciones, dentro de las que se incluyen trece peticiones por el bienestar y por la restauración mesiánica. Durante cada shabat y en las distintas festividades, estas peticiones se reemplazan por rezos especiales que corresponden a esas fiestas. La segunda oración en importancia es el Shemá que se reza por la mañana y al atardecer. Todos los servicios religiosos concluyen con dos rezos mesiánicos: el primero se llama Alenu; el segundo es una doxología aramea llamada Kadish. Como señal de devoción a Dios, durante los rezos matinales de los días ordinarios de la semana, los judíos adultos observantes llevan un chal de oración con flecos llamado talit (los flecos se llaman tsitsit) y unas filacterias (cajas de oración llamadas tefilín). Ambas costumbres provienen de ciertos pasajes de las escrituras que se recitan y que corresponden a la Shemá. Como tercera costumbre, ponen una mezuzá (caja de rezo) en la entrada de la casa, como una manera de recordar que Dios está en todas partes. Como señal de respeto hacia Dios, se cubren la cabeza para rezar, ya sea con un sombrero o con un casquete (kipá; en yidish, yarmulke). Los judíos más piadosos siempre llevan la cabeza cubierta, aceptando así la constante presencia de Dios.
Moral:
Leyes sobre la alimentación:
Las leyes relacionadas con la alimentación de los judíos están también vinculadas al culto del Templo. Hacen una analogía entre la mesa de la casa de cada persona y la mesa del Señor. Los judíos no comen la carne de ciertos animales considerados impuros (Dt. 14,3-21). Dentro de esta categoría están los cerdos y los peces que no tienen aletas o escamas. Los animales comestibles, aquellos con pezuñas hendidas y rumiantes, deben ser sacrificados de forma apropiada (kasher, `limpio' o `puro'), y se les debe sacar toda la sangre antes de ser ingeridos. No se puede tomar simultáneamente carne y leche.
La religión judía era aplicada estrictamente, llegándose a controlar hasta el número de pasos por día.
3.- Actitud religiosa del hombre creyente:
Considerando su rica y compleja tradición religiosa, el judaísmo nunca ha sido una organización monolítica, aunque sus distintas formas históricas han compartido ciertos rasgos distintivos. La principal característica común es la del monoteísmo radical, es decir, la creencia de que un solo Dios trascendente creó el Universo y que, afortunadamente, continúa gobernándolo. Profundizando en este monoteísmo, se da la convicción teológica de que el mundo es inteligible porque existe una inteligencia divina y fruto de una causalidad intencional que lo sostiene. Nada es en la humanidad fruto de la casualidad; en sentido último, todo tiene un significado. La inteligencia divina se manifiesta a los judíos tanto en su orden natural, a través de la creación, como en su orden histórico-social, a través de la revelación. El mismo Dios que creó el mundo se reveló a los israelitas en el monte Sinaí. El contenido de esta revelación es lo que constituye la Torá (es decir, la `ley'), la voluntad de Dios para la humanidad expresada por medio de mandamientos (mitsvot) por los que las personas deberían regir sus vidas en mutua interacción entre ellos y Dios. La humanidad puede transformarse en parte armoniosa del cosmos si vive de acuerdo con las leyes de Dios, y sometiéndose a la voluntad divina

(parte 2 de 2):


Atributos de Dios

Si el Creador es Eterno y Permanente, entonces Sus atributos deben ser también eternos y permanentes. Si esto es así, entonces sus atributos son absolutos. ¿Puede haber más de un Creador con tales atributos? ¿Puede haber, por ejemplo, dos Creadores absolutamente poderosos? Si se piensa por un momento se llega a la conclusión de que no es posible.
El Corán resume estos argumentos en los siguientes versículos:
“Dios no ha tenido un hijo, ni existe otra divinidad salvo Él. Si así fuera, cada divinidad acapararía su propia creación, y entonces pretenderían predominar unas sobre otras. ¡Glorificado sea Dios! Dios está por encima de lo que Le atribuyen.”. (Corán 23:91)
“Si hubiese habido en los cielos y en la Tierra otras divinidades aparte de Dios, éstos se habrían destruido”.  (Corán 21:22)

La Unicidad de Dios

El Corán nos habla sobre la falsedad de los dioses que se asocian a Dios. A los adoradores de los objetos creados por los hombres Dios les pregunta:
“¿Acaso adoráis lo que vosotros mismos talláis?” (Corán 37:95)
“¿Es que tomáis en vez de Él [ídolos como] protectores que no pueden beneficiarse ni perjudicarse a sí mismos?” (Corán 13:16)
A los adoradores de los cuerpos celestes los cita la historia del Profeta Abraham:
“Y al llegar la noche vio una estrella [y con el fin de hacer que su pueblo reflexionase les dio ejemplos que ellos podían entender] y les dijo: ¡Éste es mi Señor! Pero cuando desapareció exclamó: No adoro a los que se ausentan. Luego, al ver la luna aparecer dijo: ¡Éste es mi Señor! Pero cuando desapareció exclamó: Si no me guía mi Señor me contaré entre los extraviados”. (Corán 6:76-79)

La Actitud del creyente

Para ser musulmán, es decir, someterse libremente a Dios, es necesario creer en la unicidad de Dios, en Él como el único Creador, Conservador, Sustentador, etc. Pero esta creencia por si misma no es suficiente. Muchos de los idólatras creían que sólo el Dios Supremo podía hacer estas cosas. Pero eso no fue suficiente para que fueran considerados monoteístas. Aparte de esta creencia, se debe creer que es solamente Dios quien merece ser adorado, y que eso implica apartarse de la adoración a otros seres.
Habiendo alcanzado este conocimiento acerca del único y verdadero Dios, el hombre debe tener constantemente fe en Él, y no debe permitir que nada le haga apartarse de la verdad.
Esto significa que, si uno se somete de manera voluntaria a Dios sin reservas, y admite que Él es el único que merece ser adorado, debe consecuentemente adorarlo solamente a Él. Es decir que la persona debe buscar ser obediente a Dios y poner en práctica ese conocimiento en la vida diaria. Dios pregunta retóricamente en el Corán:
“¿Acaso creíais que os creamos sin ningún fin, y que no ibais a comparecer ante Nosotros?” (Corán 23:115)
También afirma categóricamente:
“Por cierto que he creado a los genios y a los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)
De aquí, que cuando la fe entra en el corazón, causa una conciencia que resulta en acciones. Todo junto, conciencia y acciones, son la prueba de la verdadera fe. El Profeta, que Dios le de paz, dijo:
“La Fe es lo que reside en el corazón y la prueban los actos”.
El más importante de estos estados de conciencia es el sentimiento de gratitud hacia Dios, que es la esencia de la adoración.
El sentimiento de gratitud es tan importante que un no creyente es llamado ‘kafir’, que significa ‘el que niega la verdad’ y también ‘el ingrato’.
El creyente ama y le agradece a Dios por lo que Él le ha otorgado, pero siendo consiente del hecho de que sus buenos actos, sean mentales o físicos, están lejos de ser equivalentes a los favores Divinos. Por eso el creyente teme a Dios, se rinde ante Él y le sirve con gran humildad. No se puede alcanzar tal estado sin estar constantemente consciente de Dios. Recordar a Dios es, por lo tanto, la vida de la fe, sin la cual ésta se desvanece y se marchita.
El Corán trata de promover este sentimiento de gratitud al repetir los atributos de Dios con frecuencia. Encontramos que la mayoría de estos atributos se mencionan juntos en los siguientes versículos del Corán:
“Él es Dios, no hay otra divinidad salvo Él, Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto. Él es Clemente, Misericordioso. Él es Dios, no hay otra divinidad salvo Él, Soberano, Santísimo, Pacificador, Dispensador de seguridad, Celador, Poderoso, Compulsor y Soberbio. ¡Glorificado sea Dios! Él está por encima de lo que Le atribuyen. Él es Dios, Creador, Iniciador y Formador. Suyos son los nombres [y atributos] más sublimes. Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra Le glorifica. Él es Poderoso, Sabio.”. (Corán 59:22-24)
También dice:
“¡Dios! No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Él, Viviente, se basta a Sí mismo y se ocupa de toda la creación. No Lo toma somnolencia ni sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y la Tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él sino con Su anuencia? Conoce el pasado y el futuro; y nadie abarca de Su conocimiento salvo lo que Él quiere. Su Trono se extiende en los cielos y en la Tierra, y la custodia de ambos no Le agobia. Y Él es Sublime, Grandioso”. (Corán 2:255)
“¡Oh, Gente del Libro! No os extralimitéis en vuestra religión. No digáis acerca de Dios sino la verdad: Ciertamente el Mesías Jesús hijo de María, es el Mensajero de Dios y Su palabra [¡Sé!] que depositó en María, y un espíritu que proviene de Él. Creed pues, en Dios y en Sus Mensajeros. No digáis que es una trinidad, desistid, pues es lo mejor para vosotros. Por cierto que Dios es la única divinidad. ¡Glorificado sea! Es inadmisible que tenga un hijo. A Él pertenece cuanto hay en los cielos y la Tierra. Es suficiente Dios como protector”. (Corán 4:171)
Por lo tanto, el monoteísmo tiene tres partes. Debemos creer que Él es el Creador, Sustentador del universo y de todo lo que hay en él; debemos abstenernos de cualquier expresión de idolatría, y dirigir nuestra adoración solamente a Él; y debemos saber que sólo Él posee atributos y nombres divinos, que no podemos aplicarlos a otro ser, sin importar quien sea.
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Atributos de Dios

Si el Creador es Eterno y Permanente, entonces Sus atributos deben ser también eternos y permanentes. Si esto es así, entonces sus atributos son absolutos. ¿Puede haber más de un Creador con tales atributos? ¿Puede haber, por ejemplo, dos Creadores absolutamente poderosos? Si se piensa por un momento se llega a la conclusión de que no es posible.
El Corán resume estos argumentos en los siguientes versículos:
“Dios no ha tenido un hijo, ni existe otra divinidad salvo Él. Si así fuera, cada divinidad acapararía su propia creación, y entonces pretenderían predominar unas sobre otras. ¡Glorificado sea Dios! Dios está por encima de lo que Le atribuyen.”. (Corán 23:91)
“Si hubiese habido en los cielos y en la Tierra otras divinidades aparte de Dios, éstos se habrían destruido”.  (Corán 21:22)

La Unicidad de Dios

El Corán nos habla sobre la falsedad de los dioses que se asocian a Dios. A los adoradores de los objetos creados por los hombres Dios les pregunta:
“¿Acaso adoráis lo que vosotros mismos talláis?” (Corán 37:95)
“¿Es que tomáis en vez de Él [ídolos como] protectores que no pueden beneficiarse ni perjudicarse a sí mismos?” (Corán 13:16)
A los adoradores de los cuerpos celestes los cita la historia del Profeta Abraham:
“Y al llegar la noche vio una estrella [y con el fin de hacer que su pueblo reflexionase les dio ejemplos que ellos podían entender] y les dijo: ¡Éste es mi Señor! Pero cuando desapareció exclamó: No adoro a los que se ausentan. Luego, al ver la luna aparecer dijo: ¡Éste es mi Señor! Pero cuando desapareció exclamó: Si no me guía mi Señor me contaré entre los extraviados”. (Corán 6:76-79)

La Actitud del creyente

Para ser musulmán, es decir, someterse libremente a Dios, es necesario creer en la unicidad de Dios, en Él como el único Creador, Conservador, Sustentador, etc. Pero esta creencia por si misma no es suficiente. Muchos de los idólatras creían que sólo el Dios Supremo podía hacer estas cosas. Pero eso no fue suficiente para que fueran considerados monoteístas. Aparte de esta creencia, se debe creer que es solamente Dios quien merece ser adorado, y que eso implica apartarse de la adoración a otros seres.
Habiendo alcanzado este conocimiento acerca del único y verdadero Dios, el hombre debe tener constantemente fe en Él, y no debe permitir que nada le haga apartarse de la verdad.
Esto significa que, si uno se somete de manera voluntaria a Dios sin reservas, y admite que Él es el único que merece ser adorado, debe consecuentemente adorarlo solamente a Él. Es decir que la persona debe buscar ser obediente a Dios y poner en práctica ese conocimiento en la vida diaria. Dios pregunta retóricamente en el Corán:
“¿Acaso creíais que os creamos sin ningún fin, y que no ibais a comparecer ante Nosotros?” (Corán 23:115)
También afirma categóricamente:
“Por cierto que he creado a los genios y a los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)
De aquí, que cuando la fe entra en el corazón, causa una conciencia que resulta en acciones. Todo junto, conciencia y acciones, son la prueba de la verdadera fe. El Profeta, que Dios le de paz, dijo:
“La Fe es lo que reside en el corazón y la prueban los actos”.
El más importante de estos estados de conciencia es el sentimiento de gratitud hacia Dios, que es la esencia de la adoración.
El sentimiento de gratitud es tan importante que un no creyente es llamado ‘kafir’, que significa ‘el que niega la verdad’ y también ‘el ingrato’.
El creyente ama y le agradece a Dios por lo que Él le ha otorgado, pero siendo consiente del hecho de que sus buenos actos, sean mentales o físicos, están lejos de ser equivalentes a los favores Divinos. Por eso el creyente teme a Dios, se rinde ante Él y le sirve con gran humildad. No se puede alcanzar tal estado sin estar constantemente consciente de Dios. Recordar a Dios es, por lo tanto, la vida de la fe, sin la cual ésta se desvanece y se marchita.
El Corán trata de promover este sentimiento de gratitud al repetir los atributos de Dios con frecuencia. Encontramos que la mayoría de estos atributos se mencionan juntos en los siguientes versículos del Corán:
“Él es Dios, no hay otra divinidad salvo Él, Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto. Él es Clemente, Misericordioso. Él es Dios, no hay otra divinidad salvo Él, Soberano, Santísimo, Pacificador, Dispensador de seguridad, Celador, Poderoso, Compulsor y Soberbio. ¡Glorificado sea Dios! Él está por encima de lo que Le atribuyen. Él es Dios, Creador, Iniciador y Formador. Suyos son los nombres [y atributos] más sublimes. Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra Le glorifica. Él es Poderoso, Sabio.”. (Corán 59:22-24)
También dice:
“¡Dios! No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Él, Viviente, se basta a Sí mismo y se ocupa de toda la creación. No Lo toma somnolencia ni sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y la Tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él sino con Su anuencia? Conoce el pasado y el futuro; y nadie abarca de Su conocimiento salvo lo que Él quiere. Su Trono se extiende en los cielos y en la Tierra, y la custodia de ambos no Le agobia. Y Él es Sublime, Grandioso”. (Corán 2:255)
“¡Oh, Gente del Libro! No os extralimitéis en vuestra religión. No digáis acerca de Dios sino la verdad: Ciertamente el Mesías Jesús hijo de María, es el Mensajero de Dios y Su palabra [¡Sé!] que depositó en María, y un espíritu que proviene de Él. Creed pues, en Dios y en Sus Mensajeros. No digáis que es una trinidad, desistid, pues es lo mejor para vosotros. Por cierto que Dios es la única divinidad. ¡Glorificado sea! Es inadmisible que tenga un hijo. A Él pertenece cuanto hay en los cielos y la Tierra. Es suficiente Dios como protector”. (Corán 4:171)
Por lo tanto, el monoteísmo tiene tres partes. Debemos creer que Él es el Creador, Sustentador del universo y de todo lo que hay en él; debemos abstenernos de cualquier expresión de idolatría, y dirigir nuestra adoración solamente a Él; y debemos saber que sólo Él posee atributos y nombres divinos, que no podemos aplicarlos a otro ser, sin importar quien sea.
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El Concepto de Dios en el Islam Concepto Único

Es un hecho conocido que cada idioma posee uno o mas términos para referirse a Dios, y a veces, a deidades menores al mismo tiempo.  Pero este no es el caso de la palabra Allah.  Allah es el nombre exclusivo del Dios Único y Verdadero.  Sólo puede ser llamado Allah.  El término no tiene plural ni genero.  Al compararlo con la palabra “dios” queda clara la calidad única de este término en árabe.  “Dios” puede pluralizarse, como en “dioses”, o puede ser femenino, como en “diosa”.  Es interesante notar que Allah es el nombre personal de Dios en arameo, la lengua de Jesús, una lengua hermana del árabe.
El Único y Verdadero Dios es un reflejo del concepto único y exclusivo que el Islam tiene de Dios.  Dios es el Creador Todopoderoso y Sostén del universo, no hay nada que pueda asemejársele ni comparársele.  Los contemporáneos del Profeta Muhámmad (P y B) le preguntaron acerca de Dios; la respuesta llegó de Dios mismo en un breve capítulo del Corán, que se considera la esencia de la unidad o lema del monoteísmo.  Este es el capítulo 112, que dice:
“Di [¡Oh, Muhámmad!]:  Él es Dios, la única divinidad.  Dios es el Absoluto [de Quien todos necesitan, Quien no necesita de nadie].  No engendró, ni fue engendrado.  No hay nada ni nadie que pueda ser comparado a Él.”
Algunos no musulmanes afirman que Dios según el Islam es un Dios severo y cruel que demanda obediencia absoluta y no es, consecuentemente, ni amoroso ni gentil.  Nada puede estar más lejos de la realidad.  Es suficiente saber que, con la excepción de uno, cada uno de los 114 capítulos del Corán comienzan con la fórmula “En el nombre de Dios, el Misericordioso; el Compasivo”.  En uno de sus dichos, el Profeta Muhámmad, que Dios le de paz, dijo:
“Dios es más amoroso y gentil con sus criaturas que una madre con su amado hijo.”
Por otro lado, Dios es también Justo.  De aquí que los pecadores deben recibir su merecido castigo, y los virtuosos deben recibir su recompensa y aprobación de Dios.  En realidad, los atributos de piedad de Dios se manifiestan en Sus atributos de Justicia.  Las personas que se esfuerzan y sacrifican a lo largo de sus vidas buscando complacer a Dios, no recibirán el mismo trato de su Señor que la gente que oprime y explota a sus semejantes.  Esperar que ambos sean tratados por igual significaría negar nuestra fe en la Justicia, en el Día del Juicio y negar todos los incentivos para una vida moral y virtuosa que hay en este mundo y el otro.  Los siguientes versículos coránicos son claros y evidentes respecto a este punto.
“Por cierto que los piadosos serán agraciados por su Señor con los Jardines de la Delicias.  ¿Acaso vamos a tratar por igual a quienes se someten a Allah y a los pecadores?  ¿Qué os pasa?  ¿Cómo es que juzgáis así?” (Corán 68:34-36)
El Islam no caracteriza a Dios en ninguna forma humana ni lo representa favoreciendo ciertos individuos o naciones en base a la fortuna, poder o raza.  Él creó a los seres humanos iguales, y éstos se distinguen solamente a través de su virtud y su piedad.
Conceptos como el descanso de Dios en el séptimo día de la creación, su lucha con uno de Sus siervos, su complot en contra de la humanidad, o su encarnación en un ser humano, son considerados una blasfemia desde una óptica estrictamente monoteísta e islámica.
El uso único del término Allah como nombre exclusivo de Dios refleja el énfasis en la pureza monoteísta de la fe islámica, que es la esencia del mensaje de todos los profetas de Dios.  Por esto, el Islam considera que asociar alguna deidad o persona con Dios es un pecado capital que Dios no perdonará, a menos que la persona se arrepienta antes de su muerte.
El Creador tiene una naturaleza diferente a la de Sus criaturas, porque si Él fuera de la misma naturaleza, sería temporal y por lo tanto necesitaría un creador a su vez.  Resulta, por lo tanto, que nada es como Él.  Además, si el creador no es temporal, entonces debe ser Eterno.  Si es Eterno, no puede ser causado, y si nada causó Su existencia, nada fuera de Él sostiene Su existencia, lo que significa que Él es Autosuficiente.  Y si no depende de nada ni nadie para continuar su existencia, entonces su existencia no puede terminar, entonces, el Creador es, por lo tanto, Eterno y Permanente.  Entonces sabemos que Él es Autosuficiente, o para utilizar un termino coránico, Al-Qayyum: “el Primero y el Último”.
El Creador no crea solamente en el sentido de dar origen, Él también las preserva y hace que su existencia termine, y es la causa final de lo que les pueda suceder.
“Dios es el Creador de todas las cosas, y Él es su Amparador.  A Él pertenecen las llaves de los cielos y de la Tierra [y el poder total sobre ellos]; y sabed que quienes no creen en los signos de Allah son los perdedores”. (Corán 39:62-63)
Dios dice también:
“No existe criatura en la Tierra sin que sea Allah Quien la sustenta; Él conoce su morada y por donde transita”. (Corán 11:16)

 

martes, 8 de mayo de 2012

NATURALEZA Y MAL

Humpty Dumpty.- No encuentro nada que sea malo para todos. La Tierra se convertirá en un lugar inhabitable, con ayuda humana o sin ella. Desaparecerán incluso las bacterias. Es un proceso, para nosotros no será el Mal, no estaremos para juzgarlo y sin valoraciones morales no hay ni Bien ni Mal. Cualquier caso menos drástico conlleva alguna ventaja para alguien. Y en este caso extremo podríamos especular si sería un bien para los que sufren en exceso.
Dubarri.- Desaparecer las bacterias no sé… pero animales ya han desaparecido por la mano del hombre. Eso no lo duda nadie. Y al paso que vamos seguro que será inhabitable ¿O es muy habitable vivir en una capital de 6 millones de habitantes en comparación con el vivir en una aldea de tres casas? Hablo de habitabilidad, no de comodidad. Calidad de vida, digamos…
Amigo, el día que el hombre desaparezca, el Mal no desaparecerá, pues cualquier especie viviente puede hacerlo, como hemos comentado en anteriores envíos.
¿SE PUEDE SEPARAR EL BIEN DEL MAL?
Dubarri.- Ahora, regresando al tema. El daño moral es más subjetivo, un mal relativo. Ahora el daño físico es otra cosa y es a ése al que me refiero.
Humpty Dumpty.- Si definimos el mal en términos de especie natural, podríamos considerar malo todo aquello que se opone a la perdurabilidad de la especie. La proposición es interesante, pero lleva a plantear diversos problemas.
1. Lo que es bueno para una especie puede ser malo para otra, la existencia de oxígeno libre, sin ir más lejos. Estaríamos también en un mal relativo, pues cada especie podría tener su mal, y que éste fuese bueno para otra. La erradicación de la viruela ha sido muy buena para el Homo sapiens, pero fatal para el Poxvirus variolae.
2. La naturaleza ha de ser necesariamente mala, pues se ha cargado o se cargará todas las especies.
3. Aunque no es incompatible con la existencia del Mal, lo que es cierto es que muchas veces no seríamos capaces de saber si lo que ocurre es bueno o malo, pues sólo lo sabríamos desde el distanciamiento.
4. Las especies evolucionan. ¿Es mala la evolución? Me temo que algunos contertulios puedan contestar entusiásticamente a esta pregunta.
Humpty Dumpty.- Si definimos el mal en términos de especie natural, podríamos considerar malo todo aquello que se opone a la perdurabilidad de la especie. La proposición es interesante, pero lleva a plantear diversos problemas.
Dubarri.-En efecto. La supervivencia y los depredadores son auténticas máquinas creadoras del mal, claro que lógicamente el orden de la naturaleza hace que existan unos límites (ya sea de vida, climáticos, etc…)
Humpty Dumpty.- 1. Lo que es bueno para una especie puede ser malo para otra, la existencia de oxígeno libre, sin ir más lejos. Estaríamos también en un mal relativo, pues cada especie podría tener su mal, y que éste fuese bueno para otra. La erradicación de la viruela ha sido muy buena para el Homo sapiens, pero fatal para el Poxvirus variolae.
Dubarri.- No tanto. Lo que para una especie es malo, para la otra no es nada. Intenta quitar lo bueno. No existe bueno en la alimentación.
Humpty Dumpty.- Eso no se lo dices a Hermano Lobo [15] en la cara. Termina el txangurro y luego hablamos.
Dubarri.- Le diría: vamos a comer para deleitarnos el paladar, que la pituitaria se active al oler un buen caldo, que los jugos gástricos se revolucionen cuando aparezca un buen cordero asado. Eso sí, le evitaría la tarta San Marcos.
Por muy buen manjar que nos demos, sólo significa que vamos a activar un montón de sentidos y que de ellos obtendremos un placer y saciaremos con creces el hambre.
Eso es algo natural por excelencia, hay que comer, hay que cazar. No existe ninguna clase de sentimiento, más que el hambre. Es el mal lo que una especie crea en un descontrol, ejemplo:
El lobo ibérico (lupus) es un depredador selectivo. Por los bosques donde tengo la casa existe (y conozco bien el comportamiento de ese animal), él selecciona y caza en manada con un orden. Caza una o dos piezas. No existe mal alguno. Ahora el perro salvaje, por el abandono del hombre, lleva el desorden, mata varias piezas para comer una o dos, hace una escabechina. Eso es el mal.
Humpty Dumpty.- Comprendo lo que entiendes por mal, es más, comparto plenamente tu concepto, por lo que en ningún momento discuto que esto sea mal e incluso puedo admitir que sea el Mal. Pero sigo sin entender la posibilidad de un mal desligado del bien.
Los humanos hacemos una presa (Asuán, por ejemplo) y nos cargamos un ecosistema y unos cuantos tesoros arqueológicos. Está en nuestra naturaleza construir. Los castores también hacen presas. ¿Somos peores que los castores? Por este concepto, ¿la medida de la presa influye en nuestra consideración?
Dubarri.- Somos peores en la medida de nuestra capacidad para alterar la naturaleza para nuestro propio beneficio/egoísmo.
En cuanto a si la medida de la presa influye, te diré que influye la medida del daño ocasionado para el resto del entorno o animales. Es por eso que afirmo que no sólo el hombre es un creador del mal, sino que es el mayor creador de desorden.
Humpty Dumpty.- Me parece que identificas naturaleza con biosfera. El desorden que el hombre crea sigue siendo muy limitado, sea en términos terrestres o cosmológicos. Que el hombre sea un mal vecino, seguro; pero no creo que esto lo convierta en el Mal. ¿Qué sería entonces un agujero negro? O una supernova.
Dubarri.- Por supuesto que el hombre no es el Mal, ni tampoco el mal; sino un animal con grandes posibilidades de crear mal y una capacidad depredadora insaciable.
Humpty Dumpty.- El hombre es un animal bastante especial, es el superdepredador: caza, no es cazado, no tiene competidores y su ecosistema es toda la superficie del planeta (hablo en términos generales). En estos términos es un animal pura y sencillamente inviable. Para poder ser viable se ha convertido en el predador de sí mismo y ha surgido la guerra como instrumento natural de control de la especie humana. ¿La guerra es un bien o un mal?
Dubarri.- La guerra es un mal originado por el hombre. El hombre como depredador insaciable, como parricida, como animal capaz de dejar morir de inanición a una criatura recién nacida, necesita de una ética, de un «orden establecido por él mismo», y en cuanto ese orden se rompe, bien por intereses, egoísmo, poder, etc… se genera la guerra. Yo defino la guerra como el mal de los males.
Humpty Dumpty.- No creo que la guerra sea un bien (hay filósofos que lo mantienen), pero ha sido un instrumento para mantener la tasa de crecimiento humano dentro de unos límites, otro ha sido la hambruna y otro las epidemias. Ninguno bueno, pero los dos últimos mecanismos de control biológico que prácticamente han afectado a todo grupo exitoso, humano o no.
El problema de que un grupo humano no aislado mantenga la tasa de crecimiento dentro de unos límites que permitan un bienestar mayor que el de las tribus vecinas, es que éstas, que no practican el control de natalidad, a la corta o a la larga lo ocupan (con guerra o pacíficamente) y siguen creciendo, agostando más recursos naturales [8].
Ahora, por primera vez, tenemos los medios para intentarlo; pero no es fácil, todos sabemos lo que ha costado en China y en la India se muestra casi imposible. En un país musulmán o católico (reales, no de boquilla) es imposible.
Dubarri.- Veamos, en cuanto a la erradicación de la viruela, evidentemente y no quiero caer en la confusión de que sea yo un monstruo, también sería un desorden. Espera…, me explico: Buscas erradicar un virus para mejorar y alargar la existencia de un ser humano; hacer que la especie humana tenga una superpoblación y a su vez desaparezcan muchas especies animales y vegetales por la mano de éste.
No digo que no esté de acuerdo, yo soy humano y todo lo que nos mejore lo aplaudo, y soy consciente que con mi presencia y actividad creo mal a la natura. Quede claro. Pero estamos hablando en un plano donde el ser humano es un eslabón más en la existencia del mundo y no, como nuestro contertulio Antoni [2], que ve la perspectiva del bien y del mal desde el eje humano, como que todo rodea al ser humano.
Antoni, así te entiendo, si ves que estoy equivocado me corriges.
Humpty Dumpty.- Vale. Es muy difícil hablar sólo del mal e incluso lo es separarlo del bien. Lo que es bueno para unos puede ser malo para los otros. No estoy predicando el relativismo de acción, pero no creo perseguibles unas acciones porque sean malas y mucho menos el Mal. Lo son porque influyen en el orden del mundo o de una parcela, o simplemente porque van en contra del sentir de la tribu, o de su individuo (grupo) dominante.
Dubarri.- …Queda pendiente…
Humpty Dumpty.- (sigue) 2. La naturaleza ha de ser necesariamente mala, pues se ha cargado o se cargará todas las especies.
Dubarri.- La naturaleza no es ningún ser consciente, por lo cual no es mala. Simplemente es la conexión de especies vivas en un elemento químico y mineral. Perdona, no soy físico, ni químico, y ahí no me puedo extender más.
Humpty Dumpty.- Más arriba hablabas de perros y lobos respecto a la maldad de una acción. ¿Hasta qué punto son conscientes?
Un terremoto, un rayo, una inundación espontánea, incluso la caída de un aerolito de gran tamaño, están dentro del orden natural, no son malos según el concepto compartido. ¿Pero es que los humanos podemos ir contra el orden natural? ¿No somos nosotros también «productos» naturales? Hagamos lo que hagamos no podemos cargarnos los principios de la termodinámica, todo lo que hacemos es «natural». En este sentido podemos ser un «error» de la naturaleza, pero como bien dices la naturaleza no es un ser consciente. (Si hay algún partidario de Gaia [9], por favor que responda en hilo aparte).
Dubarri.- Sí son conscientes los lobos o los perros, aunque algunos piensen que no, en mi experiencia con esos animales es que sí, son conscientes de cuando hacen algo mal, de cuando incumplen la jerarquía, son conscientes de quién manda en la manada. Y son conscientes del entorno que los rodea, sus peligros, su hábitat, sus presas, etc. Conscientes sí, ¿inteligentes?
En cuanto a los fenómenos naturales, como bien dices, están en el orden natural, pero que un castor haga una presa como que la haga un ser humano, en ambos casos es un mal; un mal en perjuicio de la natura. Lógicamente todo mal tiene por cometido la obtención de un favor para quien lo ejecuta: el castor una morada, el hombre electricidad.
Lo cual demuestra que no sólo el hombre es el único ser en la tierra con capacidad de crear mal. Pero sí lo es como el mejor y mayor creador de mal o desorden en la naturaleza. Y, en efecto, la naturaleza no tiene consciencia sino que simplemente es como una balanza de precisión, en cuanto se descompensa aparecen efectos colaterales.
Un ejemplo actual: veremos el pago del hundimiento de petroleros en el mar y las consecuentes mareas negras; como también somos testigos del cambio climático y de los problemas que acarrea. ¿Defensa de la naturaleza ante el mal?
Humpty Dumpty.- Tal como lo planteas, el Mal no vendría de la «creación», sino de la aparición del hombre o tirando mucho desde la existencia de vida.
Bastante difícil de mantener la existencia de un Mal absoluto en este caso, teniendo en cuenta la evolución de la naturaleza. En un momento sería bueno suprimir el oxígeno y ahora sería malo.
El cambio climático nadie sabe si es debido fundamentalmente a la acción del hombre (a nivel global, a nivel local a veces no hay dudas); nos falta perspectiva. Ha habido épocas mucho más cálidas que la actual incluso a nivel histórico.
Dubarri.- Coincido contigo en eso… ¡jo… vaya! .
Pero con un matiz, no creo en el Mal absoluto como tal, sino en el simple mal desligado de un bien. Para admitir ese Mal, deberíamos dejar un interrogante en la existencia de un ente creador, cosa que de momento no veo viable.
En cuanto al cambio climático coincido contigo, pero hay otros desastres ecológicos peores; ejemplo tenemos ahora mismo en Galicia.
Humpty Dumpty.- (sigue) 3. Aunque no es incompatible con la existencia del Mal, lo que es cierto es que muchas veces no seríamos capaces de saber si lo que ocurre es bueno o malo, pues sólo lo sabríamos desde el distanciamiento.
Dubarri.- Pero ¿existe el mal?
Si existe el mal, entonces nada de lo dicho en el apartado anterior vale. Sería un Mal que disfrutaría viendo réplicas en pequeño actuar. Que además de un chapuzas sería un monstruo.
Humpty Dumpty.- (sigue) 4. Las especies evolucionan. ¿Es mala la evolución? Me temo que algunos contertulios puedan contestar entusiásticamente a esta pregunta.
Dubarri.- La evolución es algo natural. No es mala. No es el mal y ni siquiera el Mal (en el supuesto). Lo malo es cuando un ser en plena evolución rompe la cadena evolutiva de otra especie.
Creo que Ángel y Texoki [25] estarían encantados de contestarte si es buena la evolución…
EL BIEN Y EL MAL SON VALORES CULTURALES
«Sólo el creador sabe qué es el bien y qué es el mal. El creó el hecho de que una cosa sea buena o malvada». (Nietzsche)
Dubarri.- Si Nietzsche se refiere a correcto como aquello que no rompa un orden natural, en efecto que no existe el bien, pero Nietzsche se olvida de que todo ser vivo es un potencial instrumento para crear desorden, dícese mal.
Humpty Dumpty.- No creo que se pueda acusar a Nietzsche de olvidarlo. Está hablando de las «personas correctas», el nivel más bajo de la escala animal para él, sobre todo si son alemanes.
Tu objeción no es tal, la capacidad de crear mal no tiene nada que ver con el concepto de mal, sea éste de origen divino o un pacto social; se podría crear mal en el supuesto de que se tuviera esta capacidad. Los ángeles coránicos no la tienen y los genios y personas sí.
Dubarri.- Expande más esto, no te entiendo bien. Entiendo que todo ser tiene capacidad para crear mal, y escribo en el término de seres físicos y existentes. No puedo suponer ángeles coránicos.
Humpty Dumpty.- ¿Qué capacidad tienen la galaxia de Andrómeda o un liquen de causar mal? Si entiendes el mal como lo que afecta negativamente al Homo sapiens considerado como especie, en el caso del liquen ni se me ocurre y la de la galaxia la veo muy traída por los pelos y me parece que físicamente imposible (una colisión de galaxias en vida de nuestra especie o simplemente del sistema solar, además siempre podría buscar alguna más lejana). Si aseguras que no son seres, pues habré de echar mano de alguna bacteria ferruginosa.
Dubarri.- Es que yo no soy como Antoni [2], el ser humano es un simple eslabón más. El mal no es lo que afecte al Homo sapiens, sino a la natura. La natura en la Tierra, en la galaxia, etc… Pero es algo que escapa a nuestro conocimiento, y en mi agnosticismo no creo hipótesis no fundamentadas tan comparables como en la creación de dioses.
Sabemos y conocemos en mayor o menor medida lo cercano a nuestro mundo; lo desconocido dejémoslo que nos lo demuestren los sabios.
EL BIEN Y EL MAL SON VALORES DE SUJECIÓN
Dubarri.- En el caso de Telli, admite esa existencia desde el punto de su catolicismo. Pero juega con esa subjetividad en su demencial carrera hacia el fanatismo, hasta el punto que donde hace el mal, cree hacer su bien.
Humpty Dumpty.- Puede que la cita, como otras, no esté colocada exactamente donde el autor consideraría oportuno, vamos, estoy convencido de ello en muchos casos. Pero la rotundidad de la frase me ha hecho preferirla a la de otros grandes éticos. Ni hecha ex profeso encajaría mejor.
Nos guste o no, es una opinión bastante extendida. «Habla dulcemente y empuña un gran garrote» que dijo Teddy Roosevelt (para hablar de otro gran ético coincidente en sus planteamientos), no es ni la mitad de impactante.
EL BIEN Y EL MAL SON VALORES PERSONALES
Dubarri.- Desconocemos ese bien subjetivo por naturaleza, sólo es un invento del ser humano, como se desconoce la existencia de seres irreales; sólo la ética, las religiones, imponen ciertos criterios subjetivos sobre el bien.
Humpty Dumpty.- Es que según esta línea no existen el Bien y el Mal absolutos, sino bienes y males subjetivos; el epígrafe 4 deja bien claro el supuesto, luego naturalmente de que se trata de un invento de cada uno, más o menos influenciado por el entorno.
Si alguien se ha educado en cierto entorno se puede considerar bueno lapidar adúlteras, aunque se sea ateo (no es mi caso, lo digo por si acaso) y haber llegado a ello por propio raciocinio más o menos dirigido por el entorno.
Dubarri.- Es que no puedes aplicar el epígrafe 4 tal cual:
Yo no creo en el Bien y el Mal absolutos, por supuesto, sino en un mal objetivo y en un mal subjetivo; ahora, si quieres dejar al placer la etiqueta del bien, es algo libre, como si lo quieres llamar el Hades. Es mejor limitarnos a lo subjetivo, y es ese dolor agudo que uno recibe en el dedo cuando se da un martillazo por error. Eso es el mal. Algo que altera nuestro ritmo. Pero ¿es el culpable el martillo, el brazo humano que falló, el propio humano que se distrajo, o el dedo por tener terminaciones nerviosas? ¡Ajá!.
Repito que yo no creo en el Bien y el Mal absolutos. Y en cuanto al subjetivismo carece de sentido a estas alturas del hilo ponernos a debatir… Sería interminable, y no sacaríamos una conclusión respetable.
En efecto, creo que ha quedado claro que no existe el Bien y que el hombre es capaz de crear un bien/mal subjetivos (como en anteriores comentarios). Pero ¿y del Mal?
Humpty Dumpty.- Para los que estén en este epígrafe, tampoco existe el Mal. La existencia de este mal ha quedado cuestionada más arriba.
Dubarri.- Comento del Mal para aquellos que creen en el Mal absoluto, es por ello que te hago la pregunta. Claro que no existe el Mal, sino el mal. Pero si los creacionistas dicen que existe un Bien, queda demostrado que no es el Bien, sino el Mal.
P.D.: Al final he podido contestarte el jueves. Créeme que he realizado un esfuerzo para sacar tiempo y que me he llevado tu mensaje de viaje. Espero haberme expresado bien y haberte comprendido.
Humpty Dumpty.- A veces no me comprendo ni yo mismo y en cuando me descuido me como dos o tres pasos del razonamiento. Gracias por el esfuerzo.
Dubarri.- ¿Y si te digo que he venido del SIMO, y en vez de irme a la cama a
descansar me he liado en estos asuntos turbios del bien y del mal?
Amigo, ¿habré obrado «bien»?
Humpty Dumpty.- (sigue) Si alguien se ha educado en cierto entorno puede considerar bueno lapidar adúlteras, aunque sea ateo (no es mi caso, lo digo por si acaso) y haber llegado a ello por propio raciocinio más o menos dirigido por el entorno.
Dubarri.- Estamos de acuerdo, pero es subjetivo.
Dubarri.- Amigo, el día que el hombre desaparezca, el Mal no desaparecería, pues cualquier especie viviente puede hacerlo como hemos comentado en anteriores envíos.
Humpty Dumpty.- Exactamente. ¿Y el mal? ¿Podemos separarlos? Nosotros establecemos unas categorías de bien y mal. Yo mismo las sustento y estoy dispuesto a defenderlas, al menos alguna de ellas, con cierta dosis de violencia, lo que no me impide considerar la violencia (prima facies) como un mal. No puede aceptarse que un individuo vaya por ahí con un rifle cargándose gente al azar, es preciso neutralizarle (no importa para el hilo de qué manera). Pero esto no implica que el bestia ese sea el Mal o ejerza el Mal (absoluto).
Dubarri.- Desde el punto de vista personal cada uno estamos dispuestos a defender nuestras posturas con las dosis que sean necesarias.
Pero… ¿no es acaso del mal de lo que estás intentando defenderte?
¿No es el «bien» como tal, un status quo normalizado lo que defiendes? ¿o aquel status que se perdió?
Es evidente que como depredadores que somos y socialmente «civilizados», aceptamos que exista un orden interno (ley, moral, etc.), como imitación de la natura. Por lo cual si un individuo altera ese orden con un rifle, no se acepta tal comportamiento negativo y evidentemente se le neutraliza. La postura del individuo con el rifle cargándose gente al azar es negativa y un potencial generador del mal. Pero evidentemente que no implica que ese asesino sea el Mal (absoluto). Es simplemente un mal, ante la especie humana un peligro y ante la natura un ser con un desorden.
EL BIEN Y EL MAL SON PURA ESPECULACIÓN LINGÜÍSTICA SIN NINGÚN SIGNIFICADO REAL
Dubarri.- ¿Me dejaste la última pensando que más me arrimaba a ella, pedazo de Hereje?
En parte estoy de acuerdo con Kant, siempre que esa «buena» (ya estamos usando ese término) voluntad sea el orden natural.
Es la que más se aproxima a mi forma de ver esa dualidad.
Humpty Dumpty.- Te copio la idea exacta de Manolo, no quisiera tergiversarla por mor de una cita descontextualizada:
«Ni en el mundo, ni, en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan sólo la buena voluntad. El entendimiento, el gracejo, el Juicio, o como quieran llamarse los talentos del espíritu; el valor, la decisión, la perseverancia en los propósitos, como cualidades del temperamento, sin duda, en muchos respectos, buenos y deseables; pero también pueden llegar a ser extraordinariamente malos y dañinos si la voluntad que ha de hacer uso de estos dones de la naturaleza, y cuya peculiar constitución se llama por eso carácter, no es buena. Lo mismo sucede con los dones de la fortuna. El poder, la riqueza, la honra, la salud misma y la completa satisfacción y el contento del propio estado, bajo el nombre de felicidad, dan valor, y tras él, a veces arrogancia, si no existe una buena voluntad que rectifique y acomode a un fin Universal el influjo de esa felicidad y con él el principio todo de la acción; sin contar con que un espectador razonable e imparcial, al contemplar las ininterrumpidas bienandanzas de un ser que no ostenta el menor rasgo de una voluntad pura y buena, no podrá nunca tener satisfacción, y así parece constituir la buena voluntad la indispensable condición que nos hace dignos de ser felices.
Algunas cualidades son incluso favorables a esa buena voluntad y pueden facilitar muy mucho su obra; pero, sin embargo, no tienen un valor interno absoluto, sino que siempre presuponen una buena voluntad que restringe la alta apreciación que solemos -con razón, por lo demás- tributarles, y no nos permite considerarlas como absolutamente buenas. La mesura en las afecciones y pasiones, el dominio de sí mismo, la reflexión sobria, no son buenas solamente en muchos respectos, sino que hasta parecen constituir una parte del valor interior de la persona; sin embargo, están muy lejos de poder ser definidas como buenas sin restricción -aunque los antiguos las hayan apreciado así en absoluto- . Pues sin los principios de una buena voluntad, pueden llegar a ser harto malas; y la sangre fría de un malvado no sólo lo hace mucho más peligroso, sino mucho más despreciable inmediatamente a nuestros ojos de lo que sin eso pudiera ser considerado.
La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice, no es buena por su adecuación, para alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto; es buena sólo por el querer, es decir, es buena en sí misma. Considerada por sí misma, es, sin comparación, muchísimo más valiosa que todo lo que por medio de ella pudiéramos verificar en provecho a gracia de alguna inclinación y, si se quiere, de la suma de todas las inclinaciones. Aun cuando, por particulares enconos del azar o por la mezquindad de una naturaleza madrastra, le faltase por completo esa voluntad la facultad de sacar adelante su propósito a pesar de sus mayores esfuerzos, no pudiera llevar a cabo nada. Y sólo quedase la buena voluntad – no desde luego como un mero deseo, sino como el acopio de todos los medios que están en nuestro poder- , sería esa buena voluntad como joya brillante por sí misma, como algo que en sí mismo posee su pleno valor. La utilidad o la esterilidad no pueden ni añadir ni quitar nada a ese valor. Serían, por decirlo así, como la montura, para poderla tener más a la mano en el comercio vulgar o llamar la atención de los poco versados; que los peritos no necesitan de tales reclamos para determinar su valor». (Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Austral, 1963, pag 27-29).
DESPEDIDA
Dubarri.- Humpty, creo que tenemos el tema muy limado y poco o casi nada queda por comentar al respecto. No obstante, se puede hacer algún apunte más. Te doy las gracias por tan interesante hilo y por aguantarme en todas estas epístolas
Lo que sí te pido es el permiso (bajo tu supervisión) para poderlo publicar en El Averno con un formato más adecuado y legible, no el típico quoteo [27] de los foros.
Humpty Dumpty.- Me halagará. Ningún problema mientras no cobres entrada.
PLANTEAMIENTOS Y POSTURAS DE LOS INTERLOCUTORES
Dado que puede resultar difícil al lector el seguimiento del discurso de cada interlocutor, debido a la propia mecánica de los envíos, (planteamiento/respuesta/respuesta a la respuesta, etc.) recogemos aquí sin cortes aquellos planteamientos que consideramos más significativos de cada una de las posturas.
HUMPTY DUMPTY

ES IMPOSIBLE ALCANZAR EL BIEN

Dubarri.- No existe el Bien como tal, por eso Dios es malo. Ya comentaremos esto.
Humpty Dumpty.- Vale lo mismo que lo anterior. La hipótesis de que Dios sea malo dependerá para su sostenibilidad de los otros atributos que se le asignen. Existen religiones basadas en este principio, algunas más coherentes que otras.
NO EXISTE EL BIEN UNIVERSAL
Dubarri.- En cuanto al nacimiento de un hijo no es realmente el bien, sino el resultado positivo de un deseo con un final feliz, ¿pero la felicidad es el «bien»?, feliz puede ser un asesino en serie después de cometer la mayor atrocidad.
Humpty Dumpty.- En este caso será su bien, no el Bien universal.
Dubarri.- ¿Pero crees en el Bien universal? ¿Realmente existe ese Bien?
Humpty Dumpty.- No, no creo en él; pero tampoco creo en el Mal universal. Me parece tan arbitrario el uno como el otro.
Dubarri.- Estamos de acuerdo nuevamente. Al final no sé de qué vamos a disentir.
¿BIEN, BONDAD O SOLIDARIDAD?
Dubarri.- Ahora, si me preguntas ¿es malo que mueran niños en Argentina? Rotundamente te contesto que sí. ¿Es bueno que se les alimente? Te digo: no es bueno, es lo normal en el ser humano y dentro de ese «orden» entra el alimentar a nuestros retoños.
Humpty Dumpty.- Los nuestros sí, puede que los de nuestros vecinos, pero no los de una tribu distinta (observo con agrado el aumento de adopciones de niños foráneos, confío en que no sea una moda pasajera). Dentro de esta óptica, si se hace realmente es bondad, pero a veces lo que se envía como ayuda humanitaria deja mucho que desear e incluso las hay que no son ni remotamente útiles al necesitado. Como lo «normal» sería no ayudarlos, en caso de hacerlo tendríamos un acto de bondad pura.
Dubarri.- Lo normal sería un repartimiento igual en la especie sin tanta diferencia social en la escala de valores. No sé si me he expresado bien, más bien mal.
Bueno, concretándome en el tema, un «acto de bondad» es una contradicción, es más…: es la aceptación del bien relativo. No estoy de acuerdo. Puede ser un acto social de supervivencia de la especie, no más. En el ámbito ético-moral puedo aceptar la bondad, pero desde el punto de vista de la única existencia del mal, sólo se puede aceptar un acto de supervivencia; cosa normal en la especie humana.
Humpty Dumpty.- Tu razonamiento es un poco confuso para mis entendederas. Partes de que el Mal es la fuerza creadora (o va implícito en ella) y consideras el bien como un acto normal. Lo que habría de ser normal sería el mal.
Dubarri.- No. El Mal no es ninguna fuerza creadora, de hecho desde mi postura agnóstica la creación queda un poco lejos de mi entendimiento. Hablo del Mal como algo «presente», desde la posibilidad de que pueda existir. Otra cosa es el mal relativo, en el cual no hay duda. Y en cuanto al resultado del mal absoluto, tampoco dudo.
En cuanto a tu segunda proposición, tampoco es así (ahora sí que disentimos). El bien para mi punto de vista no existe. Ay, amigo, que me lo metes en el plato cual menú de un restaurador se tratase.
Un acto normal es eso; normal.
Ahora… en cuanto a tu último comentario ¿¿?? no lo entiendo. Lo pego: «Lo que habría de ser normal sería el mal». Ahora te pregunto: ¿por qué? Sabemos que el mal se ha convertido en «normal» en muchos aspectos de la vida cotidiana. Pero ¿por qué admitirlo como normal?
Humpty Dumpty.- En cuanto nos descuidemos entramos en un bucle. No es que yo opine que habría de considerarse el mal como algo normal, es lo que deducía de tu aportación, que ya advertí que me parecía que no acababa de entender. Tú aseguras: «el punto de vista de la única existencia del mal», luego si sólo existe el mal, creo que podemos deducir que el mal sería la norma.
Dubarri.- No. No hay norma. El mal es lo que obstaculiza por no decir desvía la normalidad del ciclo de la vida, o de la natura.
Humpty Dumpty.- Sin norma no puede haber normalidad. Intuyo.
Dubarri.- Me refiero que no hay norma en cuanto al Mal. O una norma para el Mal. La normalidad solamente me refiere al orden de las cosas tal como puedan haber quedado después de un caos o Big Bang [5] (espero no liarme… pues me meto en una terminología que no domino).
Humpty Dumpty.- Refraseo lo del Mal como fuerza creadora en clave agnóstica. Interpreto que tu sentir puede expresarse por: En el Big Bang junto con la energía y las fuerzas elementales se produjo el Mal o, en todo caso, el Mal es una consecuencia de su interacción.
Dubarri.-¡¡Sí!! Voilà. Acepto esta definición en mi humilde pensamiento.
El Big Bang tampoco sería perfecto bajo este prisma, y como toda reacción física y química también hay elementos que pueden perturbar el resultado. ¿Qué opinaría Zapi [13]?
¿Podemos deducir que esa perturbación es el mal?
Humpty Dumpty.- Otro sí: la naturaleza del animal humano conlleva diferencias sociales, nuestro natural no es el de una sociedad anárquica sin individuos preeminentes, somos de natural una sociedad jerarquizada, como la de los lobos.
Dubarri.-Sí y no . Pero con una «vena» de rebeldía, o anarquismo. Ningún ser humano que no esté sometido a una religión o secta (ahí entran otros aspectos del comportamiento humano y de la psique) tiene implícita esa sumisión que exige una sociedad jerarquizada. Conste que en mis «amigos» – los lobos- también se da el caso. El resultado como animales salvajes es más dramático.
Humpty Dumpty.- La jerarquización de la sociedad humana no tiene nada que ver con la religión, sino con nuestra herencia biológica. Otra cosa es que las religiones o las organizaciones políticas saquen beneficio de esto, como nosotros sacamos beneficio de la estructura social de los lobos convirtiéndonos en el animal dominante de la manada de nuestros perros para conseguir su obediencia. En animales solitarios, como los gatos, no nos vale y hacen lo que les da la real gana.
Es una utopía social decir que todos hemos de ser iguales, no es una realidad biológica. Otra cosa es que sería ideal que nuestra inteligencia nos permitiera llegar a ello, francamente me gustaría mucho, pero estamos lejos de conseguirlo.
Dubarri.- Muy lejos… es verdad. También es verdad que hemos mejorado desde el medievo. Y coincido contigo en que, tal como es el ser humano, es una utopía el llegar a ser iguales.
Humpty Dumpty.- Podemos ser más o menos solidarios con nuestro grupo, pero es muy discutible que lo seamos con toda la especie humana; en este aspecto la televisión es un gran avance, nos sitúa al lado de los chinos, pues vemos sus problemas. Eça de Queirós tiene un delicioso cuento corto titulado «El mandarín» que pone a un portugués en la disyuntiva de hacerse con todo el dinero de un mandarín chino aceptando sin más su muerte indolora…
Dubarri.- ¿Y si no se puede? Ahí entramos en lo que el hombre ha creado o ha manipulado para su propio beneplácito. Es el caso de la Iglesia, se declaran con un Bien absoluto, una Verdad suprema, y un Creador «justo», pero se permiten el lujo de vivir como reyes en palacios como el Vaticano, tener una propia Banca Vaticana, etc., y aplican el mal.
Pues se mantiene en países tercermundistas una hambruna total. ¿Qué persigue la Iglesia?
¡Ah! Y si damos como un hecho que el Mal absoluto existe, nunca encontraríamos un mejor «ejemplo».
Humpty Dumpty.- Caso de admitir tu planteamiento, tampoco sería el Mal absoluto, si no pregúntaselo a una persona imparcial, un canónigo o un cardenal, por ejemplo.
Pero tampoco sería el caso, Malthus ya reconoce el valor de las obras y acciones suntuarias como modo de redistribuir las riquezas. Unas olimpiadas, un templo suntuoso [7] o una boda ostentosa son muy útiles a este fin. ¿Que se podrían obtener mejores resultados simplemente repartiendo los bienes? Es muy dudoso al desaparecer el capital; pero aunque lo fuera, lo que estarías contraponiendo sería una bondad a otra bondad mayor, no un mal a un bien, o a un mal menor, aunque indudablemente podría refrasearse lo expuesto en esta dirección.
Dubarri.- ¿Sabes aquello de cuanto más des, más te deben y si aplicas réditos más ganas y más poder?
La cuestión es el reparto y cómo se reparte… y para qué. ¿Existe una maldad en ello encubierta?
BIEN Y ÉTICA
Dubarri.- ¿Es la ética buena?
Humpty Dumpty.- Depende de la ética. Tener una ética en sí es bueno, por muy repugnante que pueda parecer ésta al espectador. Considero preferible tener un código de conducta a no tenerlo; pero esto es una opinión subjetiva, que nadie más ha de sustentar.
Dubarri.- Lo cual demuestra una vez más el potencial destructivo del ser humano. Es necesaria una ética, una ley de conducta.
Si el ser humano es la imagen de su Creador, ese Creador es el Mal (no es una falacia, conste). ¿Dónde está el Bien? ¿Existe?
SÓLO EXISTE EL MAL
Dubarri.- El mal es real, el bien (por definirlo de alguna manera) es el resultado de la anulación del mal, el orden en la escala natural.
Humpty Dumpty.- Nos dejaría este planteamiento con la duda de si se puede definir uno de ellos y el otro es sólo su ausencia y por tanto no tiene entidad propia real. Esto puede no ser así.
Dubarri.- Exacto: se puede definir el desorden como el mal. Ahora dime ¿por qué no puede ser así? ¿Algún imperativo que desconozca?
Humpty Dumpty.- Yo no he escrito que «no pueda ser así», sino «esto puede no ser así»; no hay ningún imperativo en ello.
Dubarri.- Jejejeje… perdona. Con tanta línea y uno que no es papa, se confunde.
Humpty Dumpty.- Si suponemos que salvaguardar la vida de las crías de la tribu es un acto bueno, el no hacerlo no tiene por qué ser un acto malo. Ejemplo: el mítico mujik en su trineo sobrecargado por su familia, que arroja a los lobos uno de sus hijos, pues en caso contrario perecerán todos ellos. Bien y mal pueden ser independientes.
Dubarri.- No. Lo que me estás definiendo es una actitud humana, que está meditada, y toma una conclusión ética o no sobre el drama que pueda ocurrir.
La vida de las crías es una lucha constante por la supervivencia, y puede finalmente el más fuerte; si el desorden hace que el más débil sobreviva, crea un desequilibrio en la natura. Un desequilibrio que afectaría a otras criaturas. Eso es lo que ocurre cuando se manipula el orden, en todos los sentidos. (Conste que estamos comentando esto, y que no estoy de acuerdo con que mueran criaturas).
Humpty Dumpty.- La decisión del mujik es ética, no lo pongo en duda, es más, lo he puesto como ejemplo de que lo contrario al bien no es el mal. Podría argumentar similarmente en sentido contrario, que la ausencia del mal no es necesariamente un bien.
Dubarri.- Sí. Pero está comprobado que el mal como ese desorden caótico que puede y se da en la naturaleza por causa directa de un ser vivo, existe.
Humpty Dumpty.- Por este camino llegaríamos a la conclusión de que la vida es una infección de los planetas, que puede resultar fatal en el caso de que algún «agente patógeno» adquiera en el curso de la evolución inteligencia sin contrapartida conservacionista. No es que diga que no.
Dubarri.- Es una hipótesis factible. Es posible. ¿Acaso se puede negar que la vida en la Tierra no haya podido llegar en un simple meteorito? Nada está probado, nada puedo argumentar.
¿SE PUEDE DEFINIR EL MAL?
Humpty Dumpty.- Lo que no somos capaces de formular es una definición de Bien, que alcance a todos y cada uno de nosotros; pero es que tampoco podemos definir Mal, ni tan sólo a nivel humano.
Dubarri.- ¿Que nooo? Hombre, y todo lo argumentado anteriormente por mí ¿qué?
Veamos, ¿no te vale esto?: El mal es todo aquello que alterando la natura de las cosas conlleva efectos dañinos en su hábitat o en otras especies.
Humpty Dumpty.- Es que no somos capaces de alterar la naturaleza de las cosas. Si freímos a protonazos la Tierra, no alteramos la naturaleza de nada, nos habremos cargado un ecosistema, pero las leyes físicas y químicas seguirán siendo las mismas. A priori consideraré que está mal hecho (a posteriori no opinaré nada, me limitaré a tocar el arpa o a hacer chup-chup en una marmita), pero no que sea contrario a nada natural.
Dubarri.- Sí podemos alterar, querido amigo. Aunque Zapi [13] como químico nos sabrá explicar mejor hasta dónde se puede alterar. Un ejemplo: a cuenta de la explotación petrolífera, alteramos el petróleo generando el plástico y sus derivados, con ello alteramos el ecosistema, desviando los cursos de los ríos por intereses industriales. Alteramos el aire, respirando componentes químicos que en su estado natural no existen.
Alteramos el ecosistema (como tú dices), pero alterar no sólo es mover o quitar; es crear. Como se crea el cemento a raíz de resinas, piedra y otros componentes químicos.
Ten seguro que la natura pasa factura de todo ello. Alterar el ecosistema es, por ejemplo: plantar abeto negro (nórdico) donde lo habitual y natural era el roble.
Conste que yo planté uno para mi hijo. Ahora están a la misma altura, miedo me da dentro de otros cuatro años, no por la altura, sino por las raíces.
Bueno, creo que queda claro lo que es alterar como descomponer y cambiar el estado de las especies. El hombre, como bien dije, es capaz de ambas cosas.
Y es que uno es un bohemians.
Dubarri (retoma el tema).- Ya sé que es genérico, pero es válido; si aceptamos el Mal, digo: El Mal es ese ente o dios que creando un mundo imperfecto deja en un ser la capacidad de destrucción a su imagen y semejanza, pidiendo para su vanagloria el asesinato, la expoliación, la guerra, el hambre, etc… Y ensalzando a sus sacerdotes como seres superiores en un escalón social más elevado… y… en ese caso se pueden añadir cientos de definiciones.
Humpty Dumpty.- Admitiendo la existencia de este ente, cabría calificarlo como el Mal. Ahí no discrepo, sólo apunto que con la misma arbitrariedad podríamos calificarlo de otros absolutos.
Dubarri.- Sí. Pero como el mejor autor del mal, quedaría con el mejor de los atributos, el Mal. (¡Huy… espero haberme explicado!). Tenemos verdaderos ejemplares homínidos en este foro que aparte de ser MALOS como personas son tontos, credulópatas, bobos, ingenuos, etc… Pero lo que les caracteriza es el mal, no relativo, pues ellos están convencidos, como cualquier sectario, de que están en su iluminación de la Verdad. No. Me refiero al mal como resultado de sus actividades sectario-religiosas en personas que no tienen nada que ver con sus mentalidades alucinatorias.
Humpty Dumpty.- Dejando aparte que hay ejemplares con los que no me gustaría encontrarme en un callejón oscuro, niego que puedan considerarse el Mal o su encarnación, aun partiendo de que la forma más temible del hombre es la del sectario.
Dubarri.- No me refiero al Mal en su encarnación, sino a ser potencialmente dañinos, generadores del mal.
Humpty Dumpty.- Lo que envían a la lista tiene su componente bueno, es tan exagerado lo que predican que es inevitable que personas sumidas en la confusión vean gracias a ellos una luz. También indirectamente, pues generan, a veces, respuestas coherentes y lúcidas.
Dubarri.- Tampoco el mal en sí es certero y perfecto. Evidentemente, el efecto en la «víctima» puede ser el contrario del buscado (consciente o inconscientemente) por el hacedor del mal. Pero ¿cuál es el verdadero fin o interés del hacedor?
Humpty Dumpty.- Certera visión, pero habrá que ir con cuidado con el metalenguaje. ¿El Mal del Mal, es Mal?
¿EXISTE EL MAL OBJETIVO?
Dubarri.- ¿es difícil pues aceptar el mal objetivamente, desligándote de esa dualidad? La única condición necesaria sería la aceptación del mal como algo simple y que perjudica por ende a la especie.
Humpty Dumpty.- Ahí me despisto: ¿qué entiendes por simple, que no puede descomponerse?
Dubarri.- Algo natural en las especies, no como un lastre que imponen las religiones con penas (pecado original), no, sino como algo normal en cualquier especie que por su subjetividad produce un desorden.
Humpty Dumpty.- Sin culpabilidades, lo que importa es el resultado, no la intencionalidad o la posible evitación. ¿Es eso?
Dubarri.- En parte, sí. Simple como aquello que se ha efectuado para una causa, cuyo efecto es negativo para el entorno u otras especies.
En cuanto a la culpabilidad evidentemente carecería de ella, pues no existiría un patrón moral o ético que infunda en una persona el sentido de la culpabilidad. Lo importante es el daño. Y la intencionalidad puede darse evidentemente, es más, en la mayoría de los casos creo que se da la intencionalidad.
Humpty Dumpty.- Gautama asegura que es peor hacer el mal sin querer que queriendo. Supongamos que quemarse sea malo, si coges una brasa ardiendo sabiendo que lo es te dañarás menos que si la coges creyendo que es un rubí.
Dubarri.- ¿Hablamos de daño psicológico o de daño físico? Ahí discrepo: el dolor siempre será el mismo, la cicatriz la misma; ahora, el nivel y control del dolor puede ser que no. Pero el mal está ahí, al final de cuentas…
Humpty Dumpty.- Gautama hablaba de daño moral, aunque su ejemplo era físico; y no, el daño no es el mismo, ni en broma. Personalmente he visto a una mujer (varias sucesivamente) con brasas encendidas en la mano, hablando tranquilamente con una vecina mientras las hacía saltar para no quemarse. Era en tierra de moros y no pululaban los mecheros. La quemadura no es la misma (no había en este caso), ni el daño moral tampoco. Si alguien mata a un hijo sin querer, los remordimientos pueden acabar con él, pero si lo hace a conciencia por un buen motivo, designio divino, aplicación de la ley, o por poner el tecno demasiado alto, sufrirá bastante menos.
Dubarri.- Bien. entiendo el caso. Pero la concentración efectivamente puede llegar a controlar el dolor. Yo lo he practicado, y realmente si te concentras puedes llegar a controlarlo. Pero hay dolores que se escapan al control humano y ni esa mujer ni otra podrán controlar las contracciones en un parto (por ejemplo) si no es con ayuda de los analgésicos. En cuanto a la quemadura, evidentemente era por la técnica que ella conoce por experiencia, bien dices que lo cambiaba de mano a mano. Mira, te voy e explicar un caso:
Yo he tenido un mastín leonés, un perro de 60 kilos y que tumbado era como un tigre. He jugado a lo «bestia» con él. Te advierto que tiene una mandíbula que te puede partir un hueso de una sola presión. Lo usan para enfrentarse a los lobos. Yo rescaté a ese perro de morir en el monte cuando era medio cachorro y lo domestiqué, era capaz de matar a otro perro (en realidad dejó a uno malherido), y se cargó a varios gatos. Conclusión, una bestia. Bien, y a lo que voy… Yo era la única persona capaz de jugar con él sin riesgo de que me partiera un hueso mordiéndome. El único que sabía cómo quitarle un trozo de carne de la boca (en cierta ocasión la cabeza de un gato), el único capaz de domesticarle. Lo conseguí. Sólo fue técnica y conocer la bestia que tienes delante. Como esa mujer conocía las brasas yo conocía al animal y sabía los límites, no sin riesgo de tener magulladuras.
Ahora, regresando al tema. El daño moral es más subjetivo, un mal relativo. Ahora bien, el daño físico es otra cosa y es a ése al que me refiero.
EL MAL ES RELATIVO EN CUANTO A SU FORMULACIÓN
Humpty Dumpty.- …pero es que tampoco podemos definir Mal, ni tan sólo a nivel humano.
Dubarri.- Veamos, ¿no te vale esto?: El mal es todo aquello que alterando la natura de las cosas conlleva efectos dañinos en su hábitat o en otras especies.
Humpty Dumpty.- A nivel natural no tiene sentido, pues la naturaleza no siente, ni padece, ni tiene finalidad.
Dubarri.- La existencia, si te parece poco, amigo mío.
La existencia es el TODO, no me parece poco. Es lo único que tenemos garantizado por toda nuestra corta vida.
Humpty Dumpty.- La existencia no es una finalidad, es un transcurrir.
Dubarri.- Completamente de acuerdo; el fin es la procreación.
Humpty Dumpty.- Esto me suena al gen egoísta. Me haces dudar; en todo caso sería una finalidad inconsciente, compartida por todos los entes autorreplicantes y en un sentido amplio por los minerales e incluso las partículas elementales.
Dubarri.- Sí. Inconscientemente y por ello tenemos tanto placer en el sexo. Además físicamente estamos preparados para ello, por ello son las zonas erógenas las que nos incitan a practicar más el sexo. ¿Qué ocurriría si sólo fuera un depósito sin placer?
Claro que somos unos «puñeteros» y hemos creado los métodos anticonceptivos para mal del gen o de la religión; ambos egoístas.
Humpty Dumpty.- Demasiada influencia clerical. El placer y la reproducción raramente están asociados. ¡Millones de bacterias no pueden equivocarse! Si quieres un bicho más cercano, la Santa Teresa (Mantis religiosa) hembra no parece obtener mucho placer en el coito, o ¿a santo de qué comería un bocata chorizo (o palomitas de maíz, o algo que no recuerdo muy bien) mientras tanto?
Dubarri.- Puede ser. Pero creo que el error está en definir placer sólo al acto sexual. Aunque yo en este caso me refería precisamente a ese apunte.
Bien. Pero quede claro que tenemos terminaciones nerviosas preparadas para darnos ese placer (zonas erógenas) unido al sexo, por egoísmo del gen. De lo cual las religiones se nutren, obviamente.
Lo de la Mantis es algo que siempre me tiene… ¿Cómo decir…? ¿Acojonado? ¡No! Intrigado. ¿El porqué ha de cargarse al macho?
En lo demás ya os he leído sobre el placer, y lo que Antoni [2] comenta al respecto, pero prefiero ir a ese hilo, si me deja don Antoni [2] (dejar significa replicarme y no callar).
Humpty Dumpty.- Tú hablas del mal como desorden, como ir en contra de la Naturaleza. Cargarse al dodo es un mal y ejemplo del Mal. No me parece correcta la apreciación (aunque hubiera preferido que los humanos no se cargasen esta ave y algunas más). Tan naturales somos nosotros como cualquier otra especie y que una especie haga desaparecer a otra no es extraño (ya sea directamente o porque ocupa su hábitat). Lo que ocurre es que la especie humana tiene una capacidad bastante elevada de producir efectos catastróficos y sigue en nosotros el creernos una especie elegida, que debemos considerar aparte del resto. Comprendo que lo hagamos, somos lo más importante que tenemos, pero lo que hacemos es natural, no podemos alterar las leyes naturales, ni el orden natural (sea lo que sea), somos naturaleza, no unos seres aparte. Por muy perjudiciales que podamos ser para otras especies o para la nuestra.