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martes, 8 de mayo de 2012

Religión

Religión como la socialización de una idea o fe, parto de ese concepto. A mi particularmente me preocupa el origen de la religión desde el punto de vista antropológico y social, y creo a mi entender que es el gran lastre para la religión actual. El poder y control de una comunidad gregaria atendiendo a cuestiones y misterios del conocimiento; es decir aprovechando el desconocimiento y la ignorancia en algunos casos. Esto no solo se da en el ámbito religioso, también se da en lo político.
La supervivencia de un poblado en la antigüedad venía dada por el control y la unión de dicha comunidad, un chamán, un curandero, la casta sacerdotal o un mago que no era más que un conocedor de las artes interpretativas o de las plantas silvestres y sus propiedades. De aquel entonces quizás ante el envilecimiento del ser humano, su brutalidad innata  como animal y la falta de legisladores era una solución a la hora de sobrevivir. Es curioso que observado desde un punto de vista evolutivo la religión no sería más que otro de los muchos mecanismos psicológicos y sociales usados para un fin de mejorar la especie con la función de sobrevivir.

La etiqueta “religiosa” es la que me llama la atención hoy en día. ¿Qué es hoy en día la religión? El mismo concepto de aquellos tiempos primitivos chamánicos, me pregunto. O simplemente es uno forma de poder social paralelo al poder político. Otra cuestión a meditar. Si es lo que sospecho, tan solo otra forma de control y socialización de una comunidad, me temo que conllevaría todos los lastres, defectos y corrupciones típicas de esas formas. Dios quedaría relegado a una mínima parte como si de un aderezo del escenario social se tratara.

También queda la posibilidad del dios deísta, ese que no requiere del término religare, la religión para ese dios no existe, es un dios personal no exportable, que no se vende y que no necesita de “leyes” santas para el control del creyente.
Llegado a este punto creo que en el deísmo la religión no existe porque no existe la socialización y para que exista esta en torno a un dios es necesario tirar del chamanismo más primitivo. Ahí entra otra causa diferencial de las religiones con el poder político. Diferencial, pero que tiene algunos componentes similares, ya lo veremos.

La veneración al culto, la oración “rumiante”  repetitiva carente de toda capacidad íntima personal de cada fiel, la idolatría (Ahí entra igualmente el animismo, el animatismo, el totemismo, la magia, el manatismo, etc.) y la doctrina que tiene como misión fidelizar al creyente sin dejar un ápice de duda anulando su condición de creedor y tomando el único camino disponible, el de creyente.
La actitud religiosa por ende debe ser pública porque como formación socializada de una determinada comunidad su misión y su supervivencia es seguir reuniendo miembros ante una baja natural de ellos y si se me permite la comparativa, nada peyorativa, es como un virus que debe de replicarse para sobrevivir invadiendo las células en pocas semanas.

Religión y público es todo uno, creencia y fe entra en lo privado, pero no dependen de la religión porque ya hemos comentado el fenómeno deísta que carece de religión. La religión como la política es desde sus principios un asunto público, ambas tienen y comparten muchas cosas en común. Antes comenté que tienen algunos componentes similares, bien, por poner un ejemplo diré que uno de ellos es el tótem, la figura llevada al ídolo, a la iconografía, a la santidad, como es una imagen, un libro sagrado, un icono, una medalla, un logo político, una bandera nacional. Todo ello sirve como fijador en la fe hacia una creencia religiosa-política.

Yo opino que la religión como la política son asuntos públicos, la creencia en un dios, en un más allá, en un mundo mejor, entra en el terreno de lo privado y que además nada tiene que ver con la religión. Se puede creer en dios y prescindir de la religión, pero eso nos daría para otro tema. Ninguna persona sola puede profesar una religión, eso sería una idea personal, una experiencia mística, una creencia propia. No busca religare, no busca exportar esa idea para reunir más personas en pro de su fe.

El deísmo como he comentado anteriormente no se puede integrar dentro del movimiento religioso. He ahí la ambigüedad de la religión y su concepto. Una experiencia mística no tiene que ir adosada a la religión, es un sentimiento o una idea como he comentado que fluye desde el interior de las personas. Creer en un ser superior, un gran ente creador, llámese dios, Gaia o Gran A’Tuin no tiene nada que ver con ser religioso, de la misma manera que la Mantis Religiosa solo adquiere su “religiosidad” de la posición de rezo (oración), que en realidad es una pose de ataque, qué cosas. Los deístas están posicionados porque la sociedad laica o la sociedad religiosa los han posicionado, no porque ellos se hayan reunidos para formar una comunidad socializada. Cada deísta es un mundo, una creencia no exportable, un sentimiento único y diferenciado. Nada tiene que ver con la religión.

La automarginación es la ruptura con una sociedad, una religión, una política o un sistema. No se puede tomar al deísta como un automarginado ya que desde el principio no ha practicado ni pertenece en el presente a una religión. El automarginado es aquel que discrepando de un sistema o doctrina sigue perteneciendo a él como un rebelde que usa su estatus su protesta como arma para intentar cambiar el sistema desde dentro. Un ejemplo puede ser aquellos seguidores de la Teología de la Liberación dentro de la propia Iglesia.

La religión es a mi entender y según mi experiencia algo dado desde tiempos remotos, nosotros somos meros observadores que al vivir inmersos en una sociedad nos toca ser partícipes bien como areligiosos (nótese que no es lo mismo que antireligiosos) mi caso, como aquellos que se consideran religiosos. El mundo está hecho así y no cambiará porque el ser humano es gregario por genética. Eso sí, religiones caerán y otras nuevas resurgirán en la variedad de salsas y componentes divinos.

Se rechaza un sistema religioso como un sistema político y se puede vivir como un “rebelde” como un   también vive un ermitaño en su soledad una experiencia mística. Si bien como he dicho somos gregarios, no debemos por ello dejarnos caer en la ingenuidad, y muchas veces en el hastío de una sociedad, de las religiones, de los abusos y corrupciones políticas nace un ser humano individualizado, solitario y superviviente. Porque descubre el oxígeno puro y no un oxígeno lleno de impurezas, contaminado. Se puede vivir sin religión y sin política y dentro de una sociedad común.

¿Es normal no ser religioso? Si se vive fuera de la religión u organizaciones sociales no se puede decir que es algo anormal. A no ser que se afirme con prepotencia que “lo normal” es tener y vivir la religión o sindicarse a un partido político. Ejemplo, lo normal es que (según las estadísticas) a la mayoría de los hombre les guste el fútbol, bien. ¿Y los que no le gustan qué?
Quién dicta la norma, me pregunto. ¿La mayoría? Si un país en su mayoría es misógino y es fundamentalista radical podemos preguntar ¿Es normal o anormal? Según qué parámetros. Y esos parámetros en base a qué poder objetivo. ¿Qué es lo normal hoy y que fue lo normal en el pasado? En el pasado era normal los autos de fe, era normal la muerte neonatal, etc.

Vivir sin religión es tan normal en la naturaleza como vivir con ella, porque si una norma es objetiva es la propia natura, el hecho de ser seres vivos dentro de un amplio abanico de especies donde no somos ni más ni menos ni tampoco podemos renunciar a nuestra condición.

No existen estigmas ni por el hecho de nacer en un determinada sociedad debes de pertenecer a una sociedad ni desprenderte de prejuicios o ideas políticas. Está demostrado que hay ermitaños, personas que abandonan la sociedad y se van a la India, a vivir en entornos rurales, refugiarse en pequeños pueblos y saben vivir sin clichés, ni etiquetas políticas, incluso mandando al ostracismo la TV y la mala-información que sufre la sociedad actual.
De igual forma que se puede ser apolítico y vivir como tal también se puede ser areligioso y vivir como tal. La religión como la política es prescindible, tan solo hay que ver la participación en las elecciones generales como en las misas. Es el resultado del hastío de una sociedad contaminada y cansada de tanta corruptela.

Mi amigo y compañero de charlas Coselas me definió como una opción a tener en cuenta que el ateísmo ha de ser (debería de ser) la religión de los que tienen como objetivo fundamental la  abolición sistemática de las creencias en cualquier tipo de trascendencia. No encajo esa definición del ateísmo. Si al ateísmo se etiqueta de religión no veo que su propósito sea la destrucción de esta última porque sería su propia destrucción. Llevando esto al laboratorio no entiendo un virus que sea capaz de matar a su huésped sabiendo que eso le llevaría a su propia destrucción.
Si el ateísmo busca la abolición de las ideas religiosas no es una religión es una contrareligión, si el ateísmo necesita de la religión como un medio para el sostenimiento de una idea entonces quizás pueda hablar de religión en el término más político y menos doctrinal. ¿Dios existe para que el ateo exista?

La religión por último se sostiene en la inmortalidad del espíritu. La inmortalidad de espíritu está fundamentada en el miedo del ser humano a su finitud, la tanatofobia, el dolor. No veo coherencia en ello a no ser que exista una globalización del arte del miedo. Según avanza la ciencia, según avanza el control del dolor y conocemos más los mecanismos de la vida y de la muerte, se pierde el miedo a la finitud. Porque debemos recordar a los grandes simios antecesores para tomar y admitir lo inevitable, la muerte.  Como agnóstico siempre me queda esos límites en el conocimiento y más en los “misterios”. Somos los “raros” pero felices. ¿Por qué poner el cascabel al gato y no dejar que se vaya por si solo?

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