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martes, 8 de mayo de 2012

El mercado de la dignidad humana

El presente artículo no solo es una denuncia de las barbaridades que se comenten en nombre de una secta o determinada religión. Es una alerta ante la situación de impunidad con la que ataca a la dignidad humana al igual que un camello vende droga a cualquier viandante.
Todo empieza en esos días más comerciales que otra cosa, que se llaman “día de difuntos” y “día de todos los santos”. Aún me pregunto el por qué de todos los santos. Dado que en los cementerios los hay ateos, creyentes, buenas y malas historias enterradas; y criticadas por los vivos que merodean sobre sus tumbas. Bueno, dejemos la etimología y nos quedaremos con el día de los difuntos o muertos, según guste.
Siendo yo no creyente, pero sí con un convencimiento ético, humano (sentimental quizás) ante mis seres perdidos y queridos, acompañé a mi madre a visitar la última “morada” en ese día. Yo acostumbro a ir en otros muchos días al año. Porque primero, el recuerdo y el respeto nace y perdura en nuestra mente, en nosotros mismos, segundo porque nuestros difuntos no se mueven y cualquier día es mejor que ese. Pero uno se debe a sus amados y queridos vivos, y fui en ese día al cementerio.
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No es mi sorpresa el merchandising y la venta de centros florales, ramos y otros abalorios como aportación a los seres perdidos. Como en todos los “días de…” siempre hay un “vending”. Y por el comercio, la economía nos movemos en este mundo actual.
Mi sorpresa es que ante el sentimiento de angustia que muchas personas sienten, ante la desgracia muchas veces mal “superada”, ante el drama de una pérdida temprana, siempre hay alimañas que sin escrúpulos intentan sacar réditos de esas situaciones.
Las técnicas de mercado también se dan en las sectas evangélicas, en esas religiones de corte angloamericano, donde el “todo vale” es puesto en práctica por encima de la libertad y respeto de los demás. Concretamente una organización dependiente de la Iglesia Pentecostal, “La voz de la Esperanza” (Iglesia Adventista del Séptimo día) [1] estaba bombardeando de trípticos, de folletos la entrada del cementerio. Cementerio que es civil, y en el que pueden entrar tanto ateos, como creyentes de otras confesiones o credos. El folleto en cuestión, que dirigieron a mi mano tenía un título agresivo desde el punto de vista del marketing: ¿por qué la muerte?

¿Por qué la muerte? Porque somos finitos, porque somos parte de la naturaleza y todo tiene su principio y fin. ¿Sencillo? Pues sí, trágico no. Siempre es la religión la que mercadea con la muerte, la que se soporta ante el miedo a la finitud, y al dolor. Y sobre esto remito al lector a otros artículos que tengo publicados sobre el dolor y la muerte. [2]
La cosa no acaba ahí, como profesional que soy, analizo el folleto (tríptico) en cuestión y veo que a la derecha abajo [3], psicológicamente punto principal de vista ante el fascine, se lee: “¡No llores ni te angusties ante la tumba!”
¡Caramba, diría uno! Que majos, intentan aliviar el desazón y la tristeza de mis recuerdos, de mis antepasados perdidos, pero… ¿por qué, a cuenta de…? Efectivamente, todo es una trampa publicitaria, todo es dramatización [4]: primero usan la muerte inexplicable para pasar a ser ellos los consoladores, pero a cuenta de mentiras y de falacias. Al pie foto [5] del susodicho folleto se lee “¿volveremos a ver a nuestros amados muertos?” ¿Qué opinan ustedes? ¿es creyente? ¿musulmán? ¿quizá budista? ¿o hinduísta? O simplemente agnóstico como yo…
Esta gente evangélica que arremete al viandante sin escrúpulos para captar adeptos no tiene dignidad humana, ni respetan los momentos que para unos pueden ser difíciles y para otros meramente simbólicos de un “día de…”
Todo vale si captan en un cementerio a un acólito que pasará a ser un alienado. Y entre el todo vale, entran las cinco personas que vi en tan solo una acera repartiendo el folleto de “La voz de la esperanza”. Que más vale que se titulara -La Voz de la Arrogancia-. El contenido interior ya es escandaloso para la razón, al igual que el contenido de la droga que vende un camello a un viandante lo es para el cuerpo. En el cual no voy a a entrar en detalle, pero a cualquier forense científico le despertaría la sonrisa, o la risa floja.
Y para finalizar, nunca se remata mejor un folleto mercantil, mas que con un cupón respuesta. Cupón respuesta que no cumple siquiera la normativa de privacidad de datos regulada por el Estado [6], y autorizada como respuesta comercial por el B.O.C. [7] Un cupón respuesta con el clásico “Gratis” (un curso bíblico por correspondencia) y recopilando datos privados del incauto que envíe dicho cupón. Y todo ello a esa secta evangélica y sus negocios, de radio, de televisión y ahora de asalta cementerios.
Ese cupón de captación, su frialdad ante las personas que en un día significativo como el de los difuntos, el mercadeo de la dignidad humana demuestra una vez más a que punto de decadencia llegan las Iglesias Evangélicas, protestantes. Al buitre lo dejan como animal limpio y honesto para pasar ellos a tomar el papel de homo caronea. ¿Hasta dónde llegarán estos nuevos buitres de cadáveres?
Jean Pierre Dubarri.

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