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martes, 8 de mayo de 2012

LA MUERTE DIGNA, DIGNA MUERTE

Comencé este trabajo hace meses, y es hoy cuando lo publico que me he dado cuenta que el concepto muerte carece de fuerza y lo que verdaderamente importa es la vida, y la forma de morir.
Sí, la vida es válida hasta la última expiración que hacemos, hasta que perdemos el calor que la vida misma nos da. Es por ello que pensé cambiar el término de ‘la muerte digna’ por ‘la vida digna’. Aunque ambos son válidos para el caso que nos trata, opté por ‘la muerte digna’ dado que es parte de la vida.
Cuando nuestra muerte se acerca, cuando el fin de nuestra existencia está próximo, es donde nuestra vida debe alcanzar la máxima dignidad para el ser humano. La muerte es el fin, la vida tiene principio y fin; ese fin debe ser sin sufrimiento y sobre todo personal e íntimo. De tal manera que nacemos sin dolor y procuramos el bienestar de la madre y del bebé, debemos de procurar lo mismo en nuestra muerte. Si arrebatamos con la tecnología y la sabiduría a la Biblia aquello de que la mujer tendrá el parto con dolor por gracia de Dios, debemos erradicar aquello que la Iglesia también justifica bíblicamente: ‘el dolor santifica’. Y la sociedad tarde o temprano lo conseguirá. De la misma manera que dejamos libertad a los creyentes a morir acorde a sus creencia y fe, ellos deben respetar lo que verdaderamente nos pertenece y nadie debe violar, la vida y la forma de dar final a nuestra vida.
Espero que el presente trabajo sea lo más clarificador posible, dado que es un tema al cual las religiones ponen trabas y usan estrategias falaces para adulterar el concepto de eutanasia, muerte digna (para mi, la vida digna), y la forma de elegir nuestro final en esta vida. Jean Pierre Dubarri
A mi padre, en su memoria “el que no sufre, y no sufre porque no vive” (Miguel de Unamuno).

1- Nulla est redemptio, la vida digna.
Hoy en día la pugna por la “razón” en cuanto a la dignidad humana enfrenta a religiones por un lado y a la sociedad, la ética laica, bioética, y ciencia por otro. Sin entrar directamente en definiciones sobre la palabra eutanasia, sobre digno, muerte, y el derecho; comenzaré esta andadura para dejar al lector lo más claramente posible la opción libre y unipersonal a morir sin dolor, ni mecanizaciones artificiales que prolonguen la “vida” en un estado vegetativo y traumático para él en primera instancia, y para la familia.
Puedo presentar hechos y casos muy personales, muy directos en cuanto a la muerte y cómo se muere, pero cada uno tendrá en su familia algún caso similar. Tengamos en cuenta que no todas las muertes son iguales así como las personas. Sobre el dolor nos pasa lo mismo, yo puedo soportar bien el dolor pero seguramente que si a mi hijo le llevase al médico a dar unos puntos de sutura los gritos se oirían hasta en el otro lado de la calle. Es subjetivo el dolor, pero no la agonía.
Siempre que hablamos de muerte, recurrimos inevitablemente al dolor y a los recuerdos de nuestros parientes lejanos en tan trágico momento. Dependiendo de ello puede o no entrar la tanatofobia 1 o un miedo sin igual al dolor. Pero ¿hemos pensado en el dolor psicológico alguna vez?. Veamos, voy a ponerme yo como ejemplo: si fuera yo una persona en estado terminal de cáncer, sabiendo inevitablemente mi final, mi desesperación por no ver a mis futuros nietos crecer, mi angustia por dejar cosas por hacer, mi dolor emocional sería inmenso. Y mi deseo ante mis hijos, mi mujer y familiares sería que eso se acortara. Pues ya me suministrarían morfina los médicos para evitar el dolor si en su mano está el poder hacerlo (ortotanasia). A ese dolor psicológico añadido al físico me refiero. Y de esos dolores y traumas para el paciente, también para los familiares, se nutren las religiones y el fanatismo religioso.
El enfoque de este artículo solo pretende concienciar a las personas a entender la muerte como un “bien” adosado en la vida que nos acompaña en todo momento y que dado el caso, debe ser tomado con dignidad y sin dolor, siempre que la ciencia nos pueda aportar ese beneficio. “La muerte no es la pérdida más grande de la vida. La pérdida más grande es lo que muere dentro de nosotros mientras vivimos. La verdadera tragedia consiste en vivir sin dignidad o sensibilidad” (2)
Tomo conciencia de que a muchos este enfoque no les gustará y que tomarán el camino que les marque sus creencias, a lo cual con todo el respeto les dejo a merced suyo aquel epitafio: el dolor y el sufrimiento santifica “dolor santificat”. La tolerancia en los tiempos que corren es difícil, más cuando las doctrinas religiosas están en plena virulencia por acotar el poder legislativo. Pero los no creyentes, los defensores de la muerte digna, de la vida digna, entre los que me incluyo, dejamos al libre albedrío a aquellos que no quieran mitigar el dolor y que quieran vivir artificialmente en estado vegetativo. Lo difícil es ver un hecho recíproco.
También es mi advertencia a todo lector con un alto grado de sensibilidad, con traumas familiares (perdidas recientes) y/o con creencias cuya fe sea más débil que la certeza de los hechos que aquí voy a mostrar, que dicho artículo puede herir su sensibilidad.
El ensayo que aquí presento está enfocado desde diversos puntos de vista, para que la comprensión de ello sea por un lado sencilla y accesible a todo el mundo, y desde otro que puedan entenderlo personas desde diferentes posturas ideológicas y religiones.
En ello hago tres pautas importantes a la hora de entender la muerte digna, la muerte como tal hecho y aceptación, las creencias, y la ética social laica.
2- Omnes una manet nox; la misma noche nos espera a todos.
Hablamos mucho de la muerte, desde el misticismo de las creencias, hasta el análisis forense. Pero en todos los casos y como seres finitos nos da “respeto”. ¿Pero da respeto la muerte en si, o la agonía? ¿no es acaso como bien decía Unamuno que el hombre necesita ser o creer en ser inmortal?
Aún a sabiendas que esa inmortalidad es una mera ilusión, tiene su efecto analgésico para el alma, quita al creyente de tal “agonía”, de ese calvario que se tiene a cuestas desde que nacemos. Yo me pregunto ¿es necesario hacer de ese calvario una agonía en vida? “Cada vez que considero –que me tengo que morir- tiendo la capa en el suelo- y no me harto de dormir. Pero no dormir, no, soñar; soñar la vida, ya que la vida es sueño” 3. Y así es, como sueño el mortal desea su inmortalidad. Pero hablemos un poco más de la muerte, de esa vieja compañera. De “esa” que nos acompaña hasta el final de nuestra vida, y solo la naturaleza nos impone el visado de salida. Ya lo decía Petan, “los que mueren jóvenes también viven hasta el final de su vida” 4. Por lo tanto para entender la eutanasia (buena muerte), debemos previamente comprender nuestra limitación en la vida así como el hecho de ser algo natural dado que “allí en donde hay vida, existe, igualmente, muerte; de manera especial en los seres pluricelulares, como es el caso de los humanos. No somos bacterias que nos replicamos, sino organismos que desaparecemos” 5.
No creo que nadie dude que una de las cosas que tenemos innatas desde el nacimiento hasta la muerte es el dolor, y no creo que es necesario echarnos vinagre en una herida para comprobar que estamos vivos. Es para mi, desde mi concepto, el dolor , el principal escollo para poder eliminar esa especie de tanatofobia de la cual se nutren las creencias más fantásticas. Y mientras el dolor se mantenga veremos mensajes como el de la Conferencia Episcopal Española que dice “en la vida y en la muerte somos del Señor”. Y yo añado, como mucho somos de la muerte, de nuestra finitud. Pero dejemos todo esto para más adelante, y entremos en el término muerte y dignidad. Y sobre todo de la “muerte buena”, eutanasia.
Los amigos de las distinciones buscan en su campaña contra la eutanasia diferenciar mediante falaces argumentos los términos ortotanasia, distanasia, 6 etcétera. Para hablar de eutanasia se deben dar las siguientes bases: una voluntad libre del paciente, una enfermedad irreversible, y una pésima situación del sujeto, tal como dice Sádaba. Cuando un paciente muere inconscientemente por una dosis fuerte de morfina hablaríamos de seudoeutanasia, porque es contra voluntad del paciente (siempre que este no haya dejado escrito su deseo de ser sedado y acortado su sufrimiento: Testamento Vital). Pero hoy en día, gracias a la presión social tenemos lo que denominamos el Testamento Vital, para evitar eso, “la seudoeutanasia”. Pero ¿debemos criticar por ello a los médicos?. No. Ellos son humanos, sufren y tienen dolor, ante una sociedad que ha estado por siglos enmarcada en una moral ultra religiosa donde como anteriormente hemos dicho (buscar frase), hay momentos que ningún ser humano con un mínimo de sensibilidad sería capaz de ver impasible a una persona agonizante, en estado terminal, con sondas de todo tipo, estertores, amarrado con correas y gritando de dolor, dado que la agonía de semanas ha conseguido que la morfina no tenga efecto. ¿Cómo deberíamos llamar a eso? Amor cristiano, consuelo por ser designio de Dios, dado que según la Conferencia Episcopal Española “en la muerte somos del Señor”. Eso desde la ética más pura se llama indigno.
¿Y que es dignidad? Etimológicamente es lo que merecemos de calidad, y como tal desde el punto positivo de la calidad, lo bueno. Ya se querido lector que es difícil hablar de calidad y de bueno en el tema de la muerte, pero eso es debido a la cultura del miedo y del oscurantismo en este tema. Si vivimos en continua lucha por una dignidad de nuestros derechos, de nuestra salud, de nuestra familia, por qué no tenemos derecho a pedirla en nuestra propia muerte. Incluso podemos recurrir a la Biblia donde se dice:
“Mejor es la muerte que una vida amargada, el descanso eterno que una enfermedad incurable” (Eclesiástico 30, 17), aunque es en la versión Vulgata Latina donde deja más explícito la angustia y el derecho a la propia muerte ante un final doloroso: “Preferible es la muerte a una vida amargada, y el eterno reposo de los que mueren a una dolencia continua” (Eclesiástico 30, 17).
Los que desde filas ultra conservadoras y del fanatismo religioso arremeten contra la eutanasia enarbolando la moral más intolerante, afirmando que es “matar, asesinar” a una persona, y es más, incluso llegan a compararlo con la reciente historia de la Alemania nazi, mienten en pro del sufrimiento. Los filósofos Joseph Fletcher y Marvin Kohl coinciden en que la experiencia nazi no tiene nada que ver con la eutanasia moderna, Kohl escribe:
“La motivación, la naturaleza y el resultado eran radicalmente diferentes. La motivación nazi, a parte del sadismo, -beneficiaba- en primer lugar al Estado. La motivación de la buena eutanasia beneficia al receptor y el objeto de la misma es ayudar al enfermo cuando más lo necesita. El método nazi era impuesto; la eutanasia es voluntaria” 7.
Hablan de asesinar, matar. Pero he aquí que no acuden a la etimología esos defensores de la “vida en sufrimiento por la gracia de Dios”, apoyados en una moral religiosa. Es más, acuden a falacias y sofismas sobre nuevos términos como los que antes he mencionado. Por no decir que el clero guardó silencio, con muy pocas oposiciones, en cuanto al Holocausto y la eliminación sistemática de vidas humanas, máxime en un país profundamente cristiano (un censo de 1940 demostró que los alemanes eran profundamente cristianos en un 95%). Decir por ejemplo que Franz Stangl, comandante del campo de concentración de Treblinka (murieron 70.000 personas), era católico romano de toda la vida. Y que Herman Goering dijo en el tribunal de Nüremberg: “siempre me he considerado un fiel servidor de la Iglesia”. 8
“Siempre me he considerado un fiel servidor de la Iglesia” (Herman Goering)
Si tomamos etimológicamente la palabra eutanasia 9 “buena muerte” y el término ortotanasia “correcta muerte”, vemos que no difiere en nada, ¿no es a caso una correcta muerte la buena muerte, sin dolor?. La filosofía de la moral cristiana ha realizado un mare mágnum de terminologías para confundir a la persona que se enfrenta a esta problemática social. Y nos comparan la eutanasia con el asesinato (véase en apéndice: 1-Eutanasia en Holanda), cuando no tiene nada que ver. Debemos entender la muerte como algo natural, normal en el ser humano y dado que hoy la ciencia nos brinda la oportunidad de suprimir el dolor en el nacimiento tanto para la madre como para el bebé recién venido a la vida. ¿Por qué no se puede recurrir a ella para nuestro final?
“Ningún ser humano decente permitiría que un animal sufriera sin poner fin a sus males. Sólo con los propios seres humanos somos tan crueles como para permitirles seguir viviendo en el dolor, en la desesperanza, sin hacer un gesto para ayudarles” (Isaac Asimov) 10
La Iglesia desde su maquinaria propagandística se ha encargado de sacar a la palestra esos nuevos términos que por un lado contradiciéndose critica y por otro lado justifica 11. Y ha “conseguido” hacer del término eutanasia una palabra maldita, como maldita era la misma palabra “muerte” o como lo era hasta no hace muchos años el término “cáncer”. Hoy por hoy hemos avanzado en la lucha contra el cáncer y va poco a poco perdiendo ese “concepto negativo” de muerte. Hoy la Iglesia y su moral cristiana ha perdido el poder del término “muerte” que aboca a tanta gente a la tanatofobia, que “resulta insoportable para muchos que necesitan el amparo de alguna fe simplista que les asegure la supervivencia. Así parecen demandarlo nuestros ancestrales instintos de supervivencia, siempre en conflicto con nuestra capacidad racional 12.
Es importante, pues, no liarse con las terminologías y separar lo que es una buena muerte con lo que es asesinato o suicidio. Lo mismo que lo que es un enfermo terminal 13 y un enfermo grave. Una vez se pierda el miedo a pronunciar claramente la palabra eutanasia (buena muerte), a aceptar la muerte como un hecho por el cual todos pasamos, y aceptar la finitud del hombre así como su nacimiento en un mundo “sin dolor”. Pregúntese usted, lector, qué sería de las religiones si el ser humano pierde esa “tanatofobia”, ese miedo a la muerte. Es “normal” que la gran mayoría de las religiones no solo atente contra el verdadero significado de la eutanasia, la muerte digna, sino que ven peligrar su moral por una ética o mejor dicho, una bioética laica en pro de la sociedad y del hombre.
3- Tota vita nihil aliud quam ad morten iter est; toda la vida no es más que un camino hacia la muerte.
De polvo y fango nacidos Fango y polvo nos tornamos: ¿por qué, pues, tanto luchamos si hemos de caer vencidos? (Rosalía de Castro)
Luchamos por vivir, desde que nacemos, es más, añado, desde que estamos en el vientre de nuestra madre. Es la naturaleza, no cabe duda; pero es la misma que nos proporciona el descanso, la muerte. Una vez dejado bien definido el término eutanasia y que su “homónimo” ortotanasia, buscan la buena muerte, la correcta manera de morir, tenemos en la sociedad voces desde todos los sectores que defienden la dignidad humana por encima de las creencias. Y eso no es incompatible con el cristianismo. La intolerancia religiosa provenga de donde provenga es negativa, hace un llamamiento y una campaña morbosa alegando que aquellos que defendemos la dignidad humana por encima de todo, apoyamos el asesinato 14, aludiendo a la eutanasia, cosa incierta. Incluso hay voces discordantes dentro de la Iglesia donde según el jesuita Francesc Abel, aboga por legalizar la eutanasia en los supuestos en que la enfermedad conduce irremediablemente a la muerte “en un plazo razonablemente corto” y causa al paciente “un sufrimiento insoportable” 15.
Defendemos la vida, claro que la defendemos, y la dignidad, la humanidad. ¿Es a caso una defensa a la vida, el hipotecar esta misma en pro de una fantasía del Más Allá?
Para algunos la línea que separa la vida de la muerte es difusa, pero en cambio la ciencia ha avanzado lo suficiente para saber el momento de la muerte o cuando esta es inevitable. El encefalograma nos indica en el momento que alguien deja de vivir. Pero respecto a la cesación del funcionamiento del organismo hay varios criterios. En EE.UU. se hace referencia al funcionamiento del cerebro (desde 1981); en el Reino Unido, al tallo cerebral. La muerte, sin embargo, salvo traumas o necrosis muy claras, es un proceso complejo constituido por el conjunto de células que nos compone a los seres humanos. 16
Sí, luchamos por el buen vivir, por la dignidad, por la digna muerte, buena muerte –eutanasia-. Los amantes de los bolillos con la etimología no pueden aludir y decir que buena muerte es sinónimo de matar, de asesinato cuando éste ya es incompatible con el deseo de morir dignamente. Y apelo a la ética para defender un derecho a la vida y el mismo a la muerte digna. La ética no se ocupa del vivir, sin más, sino del buen vivir y de que muchos vivan bien. 17
Es desde este punto de vista, que entendiendo por moral la idea de “que hay que ser feliz y no está dicho cómo” 18, y no dice un cómo, porque no hay forma de justificar la moralidad de forma unánime. Algunos creen que algo está mal, y por tanto debe prohibirse, porque Dios lo manda; otros, porque intuyen la maldad de la acción en si misma; otros porque consideran que somos una parte en un entero organismo social, etcétera. 19 La filosofía de la moral es un instrumento en manos de diferentes ideologías, no así la ética. La ética es normativa y por tanto debe tratar de demostrar que unas teorías son mejores que otras. La moral se impone sin más.
Luchamos por la vida y nos acusan que somos la cultura de la muerte 20, esto resulta gracioso si no fuera que la que acusa de ello, bajo una moral teocrática impuesta, es la misma que tiene en su haber histórico millones de muertos para implantar en el mundo su Iglesia, un pasado de verdadera “cultura de la muerte”; un presente de “cultura de la muerte” bajo la adoración de reliquias de santos, o dicho de otra manera, necrolatría. La verdadera “cultura de la muerte” es aquella que se basa en esta última, la muerte, y en el temor a ella para implantar un dogma. Una doctrina que hipoteca la vida, la libertad de conciencia, la dignidad, en “pro” de un Más Allá, que ni siquiera dan avales de su existencia. Y todo bajo la base moral religiosa, que como bien he comentado es una base impositiva, subjetiva y no dada al razonamiento. Es por tanto las religiones, los religiosos los que jugando falazmente con los términos acaban finalmente con la dignidad humana. “La maltratada idea de la dignidad se basa en la consideración de cada uno de los individuos humanos como sujeto de derechos. Lo cual supone, a su vez, que nadie es un objeto más, que no se le puede instrumentalizar como se instrumentaliza un útil o algo a mano” 21. La vida ha de ser vivida con dignidad y debemos por tal morir en la vida con dignidad. ¿Es a caso la religión algo que da libertad en vez de imposición? ¿No afirma el cristianismo en sus deferentes variantes que son instrumentos de Dios? A caso Dios como omnipotente necesita instrumentos, verdad.
Es en la lucha por la vida donde nos encontramos con el dolor, el dolor psicológico, mal llamado moral. El dolor físico como tal. Y como seres vivos pluricelulares sufrimos las consecuencias de la vida, “el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere, sobre todo muere”.
4- El dolor
Post mortem nihil est, ipsaque mors nihil (Nada hay después de la muerte, la muerte misma no es nada), Séneca.
En efecto, la muerte es nada, no hay dolor. La vida es la que nos da el sentido, el dolor. Que desde un punto de vista científico no es más que una alarma de que algo no va bien en el cuerpo, “hay personas más resistentes al dolor, aunque es difícil constatar si lo sienten menos o lo que ocurre es que se quejan menos” 22 .
Recordemos a la santa católica, Teresita del niño Jesús, «Los sufrimientos nos vuelven más buenos e indulgentes con los demás, porque el sufrimiento nos acerca más a Dios», u otra mejor, «Mientras más intenso es el dolor y menos se muestra a los ojos de las criaturas, tanto más os hace sonreír, oh Dios mío». Es decir, según lo dicho por tal “santa”, lo humano, lo bueno es sufrir intenso dolor en silencio porque nos hace más “buenos” o para el creyente le acerca a Dios. ¿A Dios o a la locura? Hoy en día en España aún tenemos médicos con cargos que afirman lo siguiente: “El sufrimiento, bien encauzado, es cimiento, es base sobre la que edificar la vida. Y enriquece”. 23
Está claro que esas palabras que la Santa escribió, hoy en día solo se pueden aceptar en un frenopático bajo un severo estudio psiquiátrico. No hay un médico que avale eso, y acudiendo a la famosa encíclica de Juan Pablo II (encíclica Evangelicum vitae) vemos la postura en pro a la indignidad humana, a la intolerancia: “El problema del dolor acosa sobre todo a la fe y la pone a prueba” (punto 31. encíclica Evangelicum vitae). ¿Es tan débil la fe que necesita del dolor para sostenerse?
Existen profesiones que convierten en bribón al hombre honrado, que le acostumbran a mentir contra su voluntad, a engañar, sin darse cuenta apenas de que engaña; a ponerse una venda en los ojos, a abusar por el interés y la vanidad de su estado y sumergir sin remordimiento la especie humana en una ceguera estúpida 24, el religioso. La crítica de la religión es, por consiguiente, el germen de la crítica del valle de lágrimas del que la religión es la aureola 25, es por tanto la defensora del dolor, partiendo de aquello de “dolor santificat”, y es que como dijo, Loisy 26, ex abate católico, “Digo sencillamente que la Iglesia y la teología no han favorecido el movimiento científico, sino que lo han estorbado más bien en cuanto ellas dependía, en ciertas ocasiones decisivas” 27. ¿Por qué permitir toda clase de dolor a quien agoniza? por qué tímidamente la Iglesia admite la sedación con sus efectos colaterales (ortotanasia) y no la eutanasia que en el fondo y dándose los condicionamientos elementales para definir bien dicho término, es lo mismo pero acortando el dolor psicológico y el terror (tanatofobia). En cuanto al dolor psicológico el caso de la Dra. Postma 28 es significativo, en el juicio por ayudar a morir a su madre dijo en cuanto al dolor físico:
“No, no era insoportable. Tenía muchos dolores, pero nada más. Pero el sufrimiento psíquico sí llegó a ser insoportable… Ahora, después de todos estos meses, me doy cuenta de que hubiera tenido que hacerlo mucho antes”. 29
La Iglesia afirma que en la vida y la muerte somos de Dios, y que el dolor santifica como he dicho anteriormente. Fletcher rechazó la creencia de que solo Dios decide el momento de la muerte, ya que se da por válido ese argumento prolongar la vida por los médicos también sería inmoral. Comentó que la traducción del mandamiento bíblico “no matarás” es errónea; debería cambiarse por “no asesinarás”, es decir, no matarás ilegítimamente. Contra el argumento de que el dolor forma parte de los designios divinos respondió que, si ello fuera totalmente cierto, tendríamos que privarnos de toda clase de anestésicos y cuidados médicos para aliviar el sufrimiento. 30
Aún así hay dentro de la propia Iglesia voces discordantes como la del presidente de la OMC, católico, “ayudar a morir con dignidad es una buena acción humana y religiosa”, dice Isacio Siguero, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC). Incluso afirma que la Iglesia acepta la sedación terminal paliativa (véase la encíclica Evangelium vitae). Añade, “en una situación de dolor intenso, de terror, de ambiente de desastre, cuando ya no hay posibilidad de recuperación, ayudar a morir con dignidad es una buena acción humana; no sólo religiosa ni católica” 31. Curiosa contradicción por parte de la Iglesia una vez más, pues no deja de ser la ortotanasia una eutanasia pasiva, como dice Joseph Fletcher 32, “es ingenuo y superficial suponer que porque no hacemos “nada positivo” para acelerar la muerte de un paciente, estamos exentos de complicidad con esa muerte… No hacer nada es hacer algo; hagamos lo que hagamos, ello implica una decisión previa”.
Sobre las sedaciones para evitar el dolor, aquí en España, la ley de autonomía del paciente (41/2002) permite a los médicos actuar sin necesidad de contar con el consentimiento del paciente “cuando existe riesgo inmediato grave para la integridad física o psíquica del enfermo y no es posible conseguir su autorización, consultando, cuando las circunstancias lo permitan, a sus familiares o a las personas vinculadas a él. La misma ley establece que el consentimiento “será verbal por regla general”, aunque deberá ser por escrito para los procedimientos “que suponen riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente” 33.
Hemos comentado anteriormente que para el cristianismo sufrir es un valor, según Luis Antonio de Villena en un gran artículo en El Periódico de Catalunya, dice,“ no sólo porque asemeja al cristiano con Cristo, sino porque –ofrecido ese sufrimiento– ayuda a redimir los pecados propios y los ajenos, pues la Iglesia entera es un cuerpo. Pero ¿qué ocurre si no se es católico ni cristiano, o no se quiere serlo? Puede haber (la hay) una ética del sufrimiento no cristiana –la estoica, verbigracia–, pero muy raramente se querrá aplicada a enfermos terminales, que sufren hasta extremos infrahumanos. Y la libertad (en cuyo nombre debemos defender, en principio, al doctor Montes) quiere que el individuo libre y cabal muera con arreglo al talante de su vida. Muera como quiera morir. Con eutanasia si lo desea, a mi juicio, pero ya dije que no es este el caso.”
En el caso del Dr. Montes también se pregunta: “¿Por qué esta ferocidad del Gobierno madrileño contra un simple médico de Urgencias? Sutilmente –sin decirlo a las claras– lo presentan como un asesino por vía eutanásica. Mueren muchos pacientes terminales en su unidad, probablemente por uso extremado de la sedación, en dolorosas enfermedades terminales. Al doctor y a su equipo (parece) no les gusta ver sufrir a tan desdichados pacientes. Al contrario, parece que a la señora Aguirre y a su equipo les encanta que los pacientes terminales sufran. ¿Acaso no hemos visto todos sufrir a Juan Pablo II hasta la extenuación y el mudo aullido de misericordia? ¡Señor, señor, porqué me has abandonado! ¿No ha de ser ése –nos advierte mudamente Aguirre– ejemplo para todos?” 34
En cuanto a las sedaciones, cuando la enfermedad es larga, la morfina crea tolerancia ,y eso puede llegar a que no solo sus efectos sedantes bajen, sino a acortar la vida (añadir nota). Administrar por primera vez a un paciente, por ejemplo, 400 miligramos de morfina es una dosis excesiva y contraria al protocolo. Pero si un paciente terminal lleva meses sometido a un tratamiento con morfina, su nivel de tolerancia a esta droga se eleva y, para aplacarle el dolor, no hay más remedio que ir subiéndole la dosis. Por lo tanto no se puede hablar de dosis excesiva 35. No deja de ser contradictorio para la doctrina de la Iglesia, que “admitiendo” la sedación, no admite la eutanasia como tal. N.J. Berril, profesor de ciencias de la Universidad de McGill, escribió en 1962: “Si una persona en la última fase de una enfermedad cancerosa se le administra una sedación tan fuerte que llega casi a perder el conocimiento, y el poco que le queda sólo conoce el dolor, la pregunta si es moral y éticamente se justifica el administrar la suficiente sedación para matar el dolor y también a la persona. ¡Por supuesto que sí!”. 36
Y es que no hay dolor más grande que el de acordarse del tiempo feliz en la desgracia, nessun maggior dolore che ricordasi del tempo felice nella miseria (dice Francesca de Rimini) 37. Y es el dolor psíquico en la agonía, en el fin de nuestros días, en nuestra enfermedad. Tenemos a la ciencia que nos puede aplicar los barbitúricos, la morfina, el tranxilium en nuestro declive, pero quién tiene derecho a obligarnos a sufrir una larga y mortal enfermedad ahogándonos en el dolor más grande. No es más digno dejar bajo la moral o ideología de cada uno su propia decisión de sufrir o no en el final de sus días. 5- El derecho.
“No existe ningún derecho más inviolable, ni más cuidadosamente guardado por la ley, que el derecho del individuo a controlar su propia vida, libre de todo impedimento o interferencia por parte de terceras personas”. (Francisco José Alonso Rodríguez, Presidente Nacional de la Liga Española Pro-Derechos Humanos).
Hablar de derecho es decir claramente y admitir la autodeterminación de un individuo sobre su intimidad, sobre su vida y últimamente su muerte. Ninguna ley, dogma, creencia o ideología se debe imponer por encima de ese derecho natural. El mayor problema que se nos propone ante el tema que abordamos es la decisión del propio individuo ante la muerte, la enfermedad y su decisión última a morir con dignidad. Decisión que incumbe en primera instancia al paciente y secundariamente a la familia o representantes legales. El Tribunal Supremo de Florida dejó constancia, “aunque los tribunales estén siempre disponibles para proteger los derechos del individuo, el estado en que se encuentra este individuo implica que la decisión corresponde a los familiares y a la profesión médica”. 38
Como personas libres en una sociedad, bien sea uno no creyente o creyente en una determinada fe, en el Más Allá, hoy por hoy tenemos el Testamento Vital, (Estatal, Ley 41/2002 de 14-noviembre-2002) lo cual garantiza ante los Tribunales y el colectivo médico que nuestro deseo es disponer de una muerte digna y que no exista encarnizamiento médico-técnico (terapéutico) 39 con nuestro cuerpo en caso de una enfermedad terminal. Con ello “garantizamos” nuestros derechos, otra cosa es que esos derechos en un estado “confesional” como el Español sean respetados. Recuerdo con pena y estupor a un enfermo terminal de cáncer en cierto hospital donde estaba desahuciado, se le mantenía entubado, sondado, y se le practicó una gastrostomía dado que él se negaba a comer. No era creyente, más bien ateo y aunque sospecho que él sabía de su metástasis y de su final, no se aceptaba su decisión, la de encarar la muerte con dignidad. Tan solo dos días antes de que me diese el pésame falleció sin una sedación profunda de una manera trágica según su viuda. Ahí el Testamento Vital es fundamental, si la ley lo contempla. Hay que evitar el encarnizamiento técnico al cual a veces somos sometidos y respetar el derecho innato del ser humano a su intimidad, a su propia autodeterminación. ¿El derecho a morir corresponde verdaderamente al individuo? El juez Louis Brandeis 40 dijo en 1926, “es el derecho de la persona a que nadie se entrometa en sus asuntos privados”. “Es importante morir vivo, porque a los medio muertos no los quiere ni la muerte”, dice Antonio Gala. Es importante ser conscientes de nuestra propia muerte y decidir el momento final, el momento de la sedación, decidir nuestra propia muerte en vida, y ésta sea respetada.
El Testamento Vital es una prueba fehaciente, un certificado, una orden por escrito de pedir que nuestros derechos sean respetados y con ello liberar a los médicos de la última “responsabilidad” ante la muerte y de no ser sometido a determinados tratamientos. No implica la solicitud de suicidio ni la eutanasia 41. Dado que los médicos están preparados para curar, no para admitir lo más elemental, la muerte. Es por ello que debería haber cuidados paliativos en todos los hospitales. El Testamento Vital en España se debería de hacer por la vía notarial 42. Yo recomendaría notarial, dado que no es costoso y tiene más peso ante el hospital y ante la persona que se designe para que eso sea cumplido, igualmente recomiendo mirar su aplicación legal en la Asociación Derecho a Morir Dignamente http://www.eutanasia.ws/dmdEspana.html
Se puede decir que en el País Vasco sí funciona el Registro de Últimas Voluntades, pero no así en el resto de las comunidades 43. Tenemos derecho a vivir con dignidad, y la agonía es parte de la vida, derecho a morir en casa o en una fría habitación de una UCI, a morir junto a otro moribundo o en soledad. Es nuestra la decisión, vivimos en una sociedad del confort, de la comodidad, pero perdemos calidad de vida, y calidad de muerte.
Según la Iglesia el hombre no tiene derecho en cuanto a la muerte o la vida y lanza una lapida contra el derecho fundamental aplicando que tanto en la vida como la muerte somos de Dios. Teniendo en cuenta lo que dice la Iglesia, y admitiendo que sus fieles decidan en pro a su doctrina la forma de morir. ¿Qué autoridad legal, ética y moral tiene la Iglesia para hacer de su doctrina un rodillo por el cual pretende pasar a toda la sociedad? Yo les dejaría morir sin morfina si es así su deseo, que no sean sedados profundamente si es merced del moribundo creyente, pero que respeten los derechos de aquellos que tienen otras creencias ya sean de otra religión o simplemente carezcan de ellas, ateos y agnósticos. Lo lamentable no solo es que la Iglesia no respete los derechos de una sociedad laica que vive fuera de sus doctrinas, sino que la propia ley del Testamento Vital no se cumpla al cien por cien en la fecha actual 44.
Morir con dignidad y sin sufrimiento es hoy algo así como una lotería: “Depende de dónde vivas y de qué mueras”, resume Màrius Morlans, director asistencial del hospital general Vall d’Hebrón de Barcelona. 45 Según el própio Màrius Morlans “la calidad de la muerte no sólo implica pensar en el que se va, también hay que pensar en los que se quedan”. Hoy en día existen herramientas para hacer una previsión aproximada de la evolución del paciente, y si la muerte está muy cerca intervenir el sistema nervioso central con una sedación profunda y de esa manera evitar esos tratamientos que sólo prolongan el sufrimiento y no aportan ningún beneficio. Es curioso que la Iglesia prefiera el dolor a la dignidad humana, no acepte el suicidio ante el sufrimiento inminente en la agonía y sí lo esté en la Biblia. Veámos a Judas Iscariote, Abimelech, Sansón, Zambra, Ahitofel, y Jesús, éste último en un acto altruista a sabiendas de que iba a ser ajusticiado, se sacrifica, se suicida 46. ¿No es digno morir sin sufrimiento? ¿acaso el suicidio altruista de un visionario en pro de una causa tiene más justificación que la propia dignidad humana?. La Biblia también tiene cita de personajes que deseaban el suicidio, el morir:
“Se deseó la muerte y dijo ¡mejor me es la muerte que la vida!” (Jonás 4, 8).
Y ahí tenemos a Jonás que no es condenado por la Iglesia por desear la muerte. O a Tomás (llamado el Gemelo), cuando dice “vayamos todos a morir con El”, en Revelaciones también tenemos más citas. Y todo ello para que la Iglesia, y demás religiones cristianas nieguen hoy en día la eutanasia activa y algunas soporten a duras penas la eutanasia pasiva, que como dice el Dr. Christian Barnard, “hay una diferencia de procedimiento entre la eutanasia pasiva y activa, pero desde una prespectiva ética sin la misma”, no evidentemente desde la moral. Pero como he comentado anteriormente, lo moral solo atañe a quienes acatan y difunden determinada doctrina, y por lo tanto es indigno aplicar eso al resto de la sociedad. La dignidad humana se debe respetar desde los derechos fundamentales del ser humano, su intimidad, su derecho a la autodeterminación y en consecuencia a decidir como dejar esta vida, y bajo una prespectiva de una bioética laica, no una moral religiosa que solo atañe a sus creyentes y éstos últimos son los que deben decidir ante optar por una muerte digna o una muerte acorde a sus creencias religiosas.
6- La eutanasia en Europa
Bélgica, siguiendo el ejemplo de Holanda, despenalizó el 23 de septiembre de 2002 la eutanasia para adultos bajo estrictas condiciones, pero la infantil no está incluida. Bélgica pone a la venta un equipo para la eutanasia. La caja con medicinas se ofrece en farmacias y sólo a facultativos. Las farmacias belgas han comenzado la venta de una caja con medicamentos y utensilios para aplicar la eutanasia, dirigida exclusivamente a los facultativos. El equipo lleva una decena de medicinas y medios auxiliares, como un gotero y jeringuillas. Los dos medicamentos más importantes son Pentotal, un somnífero, y Norcuron, un relajante muscular. 47 La Asamblea Nacional francesa adoptó casi por unanimidad la proposición de ley que, sin legalizar la eutanasia, permite ‘dejar morir’ a los enfermos sin esperanza de curación o en fase terminal. El texto establece que cuando una persona “en fase avanzada o terminal de una enfermedad grave e incurable decide limitar o suspender todo tratamiento, el médico deberá respetar su voluntad después de haberle informado de las consecuencias de su elección”. Si el enfermo está inconsciente, la decisión será “colegiada” entre “la persona de confianza” del paciente y el equipo médico. La ley incluye igualmente la noción de “directivas anticipadas”, una especie de testamento del interesado que para ser válido deberá haber sido escrito “menos de tres años antes de haber caído en la inconsciencia”. Con la autorización del uso de tratamientos de “doble efecto”, como la morfina, que tiene como efecto secundario acelerar la muerte, el texto da un paso adelante hacia la reivindicación del derecho a una muerte digna. Para tratar de responder a las críticas de aquellos que mantienen que el texto no contempla a los pacientes que están en el caso de Vincent Humbert 48 quien, pese a que estaba en una situación casi vegetativa, no estaba en fase terminal, la ley prevé el derecho de un paciente a negarse a ser alimentado artificialmente o a recibir un medicamento, aunque eso ponga en peligro su vida. Tras consultar entonces con otro colega y esperar a que la persona reitere su petición tras “un plazo de tiempo razonable”, el médico podrá retirar la sonda gástrica y aplicarle hasta que muera un tratamiento paliativo para evitar su sufrimiento. 49 El código noruego estipula que cuando exista consentimiento por parte de “la víctima” (véase en caso de homicidio piadoso), “o cuando alguien acabe con la vida de un enfermo irreversible movido por la compasión”, no se debe imponer castigo alguno. 50
7- Nota final
¿Habrá vida antes de la muerte? Dejo de sentir las piernas, los brazos. Dejo de tener cuerpo. Es bueno dormir. (António Lobo Antunes). 51
Como nota final a este pequeño artículo, añado una cita cristiana del eclesiástico, que dice:
“Oh, muerte, qué dulce es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para el viejo acabado, preocupado por todo, que se rebela y ha perdido la paciencia! No temas la sentencia de la muerte, recuerda tu origen y tu destino” (Eclesiástico 41, 2-3)
Ese es nuestro destino, la finitud. Nosotros, la sociedad moderna, con las técnicas que hemos aprendido, investigando día a día, esforzándonos para un mundo mejor, debemos de tener la opción a una vida digna. No a la prolongación de la muerte en pro al sufrimiento y la agonía. La eutanasia, la muerte digna, es algo que debe contemplar tarde o temprano la sociedad política. Al igual que un cirujano, como afirmó Eugene Sutorius, “está obligado a lesionar al paciente con el bisturí, en el ejercicio de su profesión, sin que por ello se le juzgue de agresión, la eutanasia voluntaria tampoco será penada…”. Es deseo que las religiones sean tolerantes con aquellos que no desean sufrir, sea por su condición ideológica, sea por miedo y dolor, sea por una agonía que va más allá del dolor, el dolor psicológico. Deben por tanto los creyentes tolerar lo que la sociedad demanda y que desde el punto de vista humano, todos tenemos derecho. Derecho a no tener que pasar dolor, a morir sin mecanizaciones inútiles que solo prolongan la muerte, derecho a morir en paz dignamente. A una autodeterminación como seres libres e individuales, que estamos provisionalmente en este mundo. Quede pues, enterrado aquello del “dolor santificat” y espero de la sociedad, así como de los médicos que algún día me asistan a mi final, que me den una muerte digna, y que cuando mis días no sean más que una tortura, esta me sea acortada. Y así dejo constancia en mi Testamento Vital. No me importa la muerte, soy consciente de mi finitud, de mi limitación al conocimiento del Más Allá, como agnóstico. Me quedo en un Más Acá, sin dolor. Como dijo un escritor, “tenemos que aprender a hacer de la muerte una experiencia digna y humana, y no una amarga protesta contra el último aliento”. ¡Y sí me importa!, claro que me importa el irme de la vida tal como he venido, sin dolor y con dignidad. Muera pues yo sin dolor, cuando mi vida no tenga continuidad al sonido de Hevia, escuchando Sobrecena, entrando en ese eterno sueño de la sedación profunda en compañía de los míos, de los que realmente me quieren, y sea ese sonido de libertad, y la dignidad lo que se escuche detrás de mi descanso. Como dice Kepa Murua 52, a quién conocí personalmente y tuve una magnífica conversación en la Feria del Libro, “el dilema es el temor a los desconocido, el dilema en la vida es cómo vivir antes que nos llegue la muerte”.
APENDICE: 1- EUTANASIA EN HOLANDA
El Tribunal de Rotterdam estableció diez requisitos para no penar la ayuda a los moribundos:
En caso de sufrimientos físicos y psíquicos insoportables para el paciente.
El sufrimiento y el deseo de morir deben ser constantes.
La decisión de morir debe corresponder a la decisión voluntaria de un paciente bien informado.
La persona en cuestión debe tener un concepto claro y preciso de su condición, así como de otras posibilidades, y debe ser capaz de evaluar esas alternativas.
Cuando no exista otra solución razonable (aceptada por el paciente) para mejorar su situación.
El momento y la forma de morir no deberán causar perjuicio innecesario a terceros.
La decisión de ayudar a morir no debe recaer en una sola persona. Es obligatorio consultar con otro profesional.
En la decisión debe intervenir un médico para recetar los medicamentos necesarios.
La decisión y la ayuda deben llevarse a cabo con las máximas precauciones.
No es necesario que el enfermo esté muriendo para recibir ayuda. Los parapléjicos pueden solicitar y obtener ayuda para morir. (*)
(*) Corresponde a una decisión anterior de un tribunal, que ha sido adoptada por la Asociación Médica Holandesa. 53
2- EVANGELICUM VITAE
65. Para un correcto juicio moral sobre la eutanasia, es necesario ante todo definirla con claridad. Por eutanasia en sentido verdadero y propio se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. « La eutanasia se sitúa, pues, en el nivel de las intenciones o de los métodos usados ».76 De ella debe distinguirse la decisión de renunciar al llamado « ensañamiento terapéutico », o sea, ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o, bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia. En estas situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia «renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares ».77 Ciertamente existe la obligación moral de curarse y hacerse curar, pero esta obligación se debe valorar según las situaciones concretas; es decir, hay que examinar si los medios terapéuticos a disposición son objetivamente proporcionados a las perspectivas de mejoría. La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante al muerte. 78 En la medicina moderna van teniendo auge los llamados « cuidados paliativos », destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y, al mismo tiempo, asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado. En este contexto aparece, entre otros, el problema de la licitud del recurso a los diversos tipos de analgésicos y sedantes para aliviar el dolor del enfermo, cuando esto comporta el riesgo de acortarle la vida. En efecto, si puede ser digno de elogio quien acepta voluntariamente sufrir renunciando a tratamientos contra el dolor para conservar la plena lucidez y participar, si es creyente, de manera consciente en la pasión del Señor, tal comportamiento « heroico » no debe considerarse obligatorio para todos. Ya Pío XII afirmó que es lícito suprimir el dolor por medio de narcóticos, a pesar de tener como consecuencia limitar la conciencia y abreviar la vida, « si no hay otros medios y si, en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros deberes religiosos y morales ».79 En efecto, en este caso no se quiere ni se busca la muerte, aunque por motivos razonables se corra ese riesgo. Simplemente se pretende mitigar el dolor de manera eficaz, recurriendo a los analgésicos puestos a disposición por la medicina. Sin embargo, « no es lícito privar al moribundo de la conciencia propia sin grave motivo »: 80 acercándose a la muerte, los hombres deben estar en condiciones de poder cumplir sus obligaciones morales y familiares y, sobre todo, deben poderse preparar con plena conciencia al encuentro definitivo con Dios.
76.Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona, sobre la eutanasia (5 mayo 1980), II: AAS 72 (1980), 546.
77. Ibid., IV, l.c., 551.
78. Cf. Ibid.
79. Discurso a un grupo internacional de médicos (24 febrero 1957), III; AAS 49 (1957), 147; Cf.. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona, sobre la eutanasia, III: AAS 72 (1980), 547-548. 80. Pío XII, Discurso a un grupo internacional de médicos (24 febrero 1957), III: AAS 49 (1957), 145.
NOTAS:
1 Tanatofobia.(De tanato- y fobia) Miedo obsesivo a la muerte.
2 Norman Cousins (editor del Saturday Review)
3 Del Sentimiento Trágico de la Vida, Miguel de Unamuno. Ed. Austral 1999 pag.300.
4 Aforismos, Zarko Petan. Ed. Basaría 2004 pag. 65
5 Principios de la bioética laica, Javier Sádaba. Ed. Gedisa 2004 pag. 111
6 Ortotanasia, (orto:correcto tanatus:muerte) praxis medica que “deja morir en paz”, Distanasia, (del griego “dys”, que tiene el sentido de acto defectuoso) practica que consiste en procurar retrasar la llegada de la muerte por todos los medios, desproporcionados o extraordinarios aunque no haya esperanza alguna de restablecimiento.
7 El Derecho a Morir, Derek Humphry y Ann Wickett, Ed. Tusquets 2005, pag. 51
8 Ibíd..
9 Eutanasia.(Del gr. eu, bien, y tanatos, muerte).1. f. Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él. 2. f. Med. Muerte sin sufrimiento físico. © Real Academia Española 2003.
10 El derecho a vivir y morir dignamente. Francisco José Alonso Rodríguez (Presidente nacional de la Liga Española Pro-Derechos Humanos)
11 «En la ortotanasia no hay eutanasia, ni positiva (porque el médico no acelera positivamente la muerte del paciente), ni negativa (porque no priva al paciente de los cuidados ordinarios) En la ortotanasia sólo se priva al paciente de los medios extraordinarios, los cuales más que prolongar razonablemente la vida serían una tentativa desesperada y hasta cruel de prolongar la muerte». P. Marcozzi, s. J. («Il cristiano di frente all’eutanasia», Civiltá Cattolica, 1975, pág. 322).
12 En los Umbrales de la Edad Oscura. Miguel Ángel Pérez Oca El Esceptico Digital © 2002 – ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.
13 El paciente con enfermedad terminal, con alto riesgo de muerte o con pronóstico de muerte inminente, es aquel paciente que posee una enfermedad avanzada progresiva e incurable, con falta de posibilidades razonables de respuesta al tratamiento especifico, que presenta numerosos problemas o síntomas intensos, que representa un gran impacto emocional para él mismo, sus familiares y el equipo terapéutico que le atiende, estando su situación relacionada implícita o explícitamente con la presencia de la muerte y un pronóstico de vida inferior a seis meses.
14 Asesinar.(De asesino).1. tr. Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc. © Real Academia Española 2003.
15 Francesc Abel, jesuita, presidente del Instituto Borja de Bioética (Institución de inspiración cristiana), perteneciente a la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Nota de prensa publicada por M. Costa-Pau (El País 14-4-2005).
16 Principios de la bioética laica, Javier Sádaba. Ed. Gedisa 2004 pag. 24
17 Saber Vivir, Javier Sádaba. Ed. Libertarias1998, pag.157
18 Ibíd. Pag.158
19 Principios de la bioética laica, Javier Sádaba. Ed. Gedisa 2004, pag. 50
20 Punto 12. En efecto, si muchos y graves aspectos de la actual problemática social pueden explicar en cierto modo el clima de extendida incertidumbre moral y atenuar a veces en las personas la responsabilidad objetiva, no es menos cierto que estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera «cultura de muerte». (Evangelium vitae 25-3-1995, Juan Pablo II)
21 Principios de la bioética laica, Javier Sádaba. Ed. Gedisa 2004, Pag. 51
22 Jordi Cervós, neuropatólogo y rector emérito de la Universitat Internacional de Catalunya. 23 Manuel González Barón, jefe de Oncología de La Paz, en la revista digital http://conocereislaverdad.org manifiesta haciendo suyas unas declaraciones del psiquiatra austriaco Víctor Frankl, que “la eliminación del dolor a toda costa no puede ser norma de la actuación médica. La misión del médico no es, únicamente, hacer al hombre apto para el trabajo y el placer, sino que se trata de conseguir hacerlo también capaz de sufrir. El sufrimiento, bien encauzado, es cimiento, es base sobre la que edificar la vida. Y enriquece”.
24 Cartas filosóficas y otros escritos. Voltaire. Edaf Madrid 1984
25 Introducción a la Critica de la filosofía del Derecho, Karl Marx
26 Loisy, Alfred Firmin (1857-1940) Orientalista, exegeta y filósofo francés, n. en Ambrières y m. en Ceffonds. Educado en el Seminario Mayor de Châlons-sur-Marne y en el Instituto Católico de París, fue ordenado sacerdote en 1879. En sus escritos y enseñanzas de apologética cristiana revela cierta tendencia al modernismo religioso. En 1902 escribió L’Évangile et l’Église, en que se propuso refutar la obra Das Wesen des Christentums (La esencia del cristianismo), de Adolph von Harnack. Su libro se convirtió en clave de la controversia católica modernista, que dio como resultado la inscripción en el Índice de cinco de sus obras. En 1908 quedó formalmente excomulgado de la Iglesia, no obstante lo cual, desde 1911 a 1927, enseñó historia de las religiones en el Colegio de Francia. Entre sus numerosas obras figura una autobiografía.
27 Autour d’un petit livre, Loisy, Alfred Firmin (dado que es un libro antiguo, se puede adquir en el mercado de ocasión en empresas como http://www.le-livre.com).
28 Dra. Geertruida Postma (Holanda), inyectó a su madre doscientos miligramos de morfina por vía intravenosa, en octubre de 1971.
29 El Derecho a Morir, Derek Humphry y Ann Wickett, Ed. Tusquets 2005, pag. 227
30 Ibíd. pag. 76-77
31 Isacio Siguero, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC). Entrevista por Emilio de Benito. Madrid. El País 3-5-2005
32 Joseph Fletcher, Humanhood: Seáis in Biomedical Ethics (New Cork, Prometeus Books, 1979)
33 Publicado en El País, 14-4-2005 34 Morir sin dolor, Luis Antonio de Villena. Noticia publicada en la página 11 de la edición de 4/14/2005 de El Periódico – edición impresa.
35 Fuentes Sanitarias, José Antonio Hernández (Madrid). El País 14-4-2005
36 El Derecho a Morir, Derek Humphry y Ann Wickett, Ed. Tusquets 2005, pag. 109
37 Inferno, V, 121-123 (Dante)
38 El Derecho a Morir, Derek Humphry y Ann Wickett, Ed. Tusquets 2005, pag. 334
39 También llamado “obstinación terapéutica” según los expertos en bioética.
40 Louis Brandeis, el hijo de padres judíos, fue llevado en Louisville, Kentucky en el 13 de noviembre de 1856. Lo educaban en Louisville y Dresden en Alemania antes de graduarse en la universidad de Harvard en 1877. 41 En España está penalizado según el artículo 143 del Código Penal con penas de dos a cinco años de prisión a quién “coopere con actos necesarios al suicidio de una persona”, y de seis a diez años si la cooperación “llegara hasta el punto de ejecutar la muerte”. (El País, 1-6-2005).
42 Se puede hacer privado, pero según la ley y para dar prueba de autenticidad es mejor la vía notarial, “Directamente, en cambio, se regula la formalización del documento, procurando dotarlo de las mayores garantías de autenticidad. De ahí la presencia bien de un notario, bien del funcionario encargado del Registro Vasco de Voluntades Anticipadas o bien de tres testigos, a elección de la persona otorgante. Y ello tanto si el documento se va a inscribir en el registro como si no. Igualmente, se regula la eficacia del documento, así como su modificación, sustitución o revocación” (Lehendakaritza, LEY 7/2002, de 12 de diciembre, de las voluntades anticipadas en el ámbito de la sanidad)
43 Decreto 270/2003 de Noviembre. Registro Vasco de Voluntades Anticipadas. Se inscribe el Testamento Vital en el registro que procederá a notificar a Osakidetza (Sanidad Vasca) para que conste en sus terminales informáticos que existe un documento de últimas voluntades. Ese documento permanecerá cerrado y nadie lo podrá ver. Solo los centros sanitarios tendrán constancia de su existencia (no su contenido). En el caso de ingreso y enfermedad irreversible se procederá a abrir el documento por el médico que atienda personalmente al paciente. Todo ello bajo un registro notarial que tiene un bajo coste y garantiza a dos personas que designe en su día el paciente que tal deseo sea cumplido por las organizaciones sanitarias.
44 DMD denuncia el incumplimiento de la Ley 41/2002, que establece la creación del “Registro Nacional de Instrucciones Previas” (Testamento Vital) en el Ministerio de Sanidad y Consumo. (www.eutanasia.ws).
45 El Reto de una muerte digna (Investigación y Analisis), Milagros Pérez Oliva. El País (30-5-2005).
46 William Rauscher comenta lo siguiente: “Si hubiera abandonado la ciudad, parece enteramente probable que los fariseos le hubieran dejado en paz”. Los padres de la Iglesia Tertullian (160-230 d.C.) y Origen (185-254 d.C.) argumentaron que su suicidio fue un sacrificio.
47 El grupo de distribución belga Multipharma ha creado este lote a petición de los denominados Médicos-LEIF (de las iniciales en flamenco del Foro de información para poner fin a la vida), que participan en la práctica de la eutanasia. (Noticia publicada en la página 43 de la edición de 4/16/2005 de El Periódico – edición impresa).
48 La muerte asistida de Vincent Humbert, un joven tetrapléjico de 23 años. http://www.admd.net/vincent.htm
49 El Mundo, Miércoles, 01 de Diciembre de 2004.
50 El Derecho a Morir, Derek Humphry y Ann Wickett, Ed. Tusquets 2005, pag. 289
51 Babelia (sábado, 21 de mayo de 2005, El País). Antonio Lobo Antunes (Portugal, 1942). Escritor portugués nacido en Lisboa. Licenciado en Medicina y Psiquiatria.
52 Kepa Murua, poeta y ensayista vasco. Zarautz 1962 (La Poesía si es que existe, Ed. Calambur 2005 ISBN 84-96049-68-X
53 El Derecho a Morir, Derek Humphry y Ann Wickett, Ed. Tusquets 2005, pag. 234

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