El anticlericalismo es un movimiento histórico contrario al clericalismo es decir, a la influencia de las instituciones religiosas en los asuntos políticos, ya sea este real o una presunción. En el caso del anticlericalismo contemporáneo no debe ser entendido sólo como una ideología negativa, aunque su oposición al clericalismo es su rasgo principal, sino que es un movimiento que defiende un proyecto social y político que en su versión más moderada se identifica con el laicismo ya que tiene como objetivo la secularización del Estado (es decir, la separación de la Iglesia y el Estado) y en su versión más radical pretende también la secularización de la sociedad. La versión más extrema del anticlericalismo contemporáneo es el anticlericalismo antirreligioso o ateo extremo que ataca los textos, los dogmas, las creencias, los ritos y las prácticas devocionales de una determinada religión. Por último también se distingue, especialmente en el caso del anticlericalismo contemporáneo, entre el anticlericalismo de las élites políticas e ideológicas (que también se suele denominar anticlericalismo político o institucional) del anticlericalismo popular, que a veces desemboca en diversas formas de violencia (sacrofóbica o iconoclasta) contra los edificios o los objetos de culto, o de violencia física contra los miembros del clero. A raíz de la asociación del anticlericalismo con la violencia el término fue adquiriendo un cierto sentido peyorativo por lo que, por ejemplo en España, algunos anticlericales a partir de los años 20 del siglo XX prefirieron autodenominarse "laicos" (como la Liga Nacional Laica, fundada en marzo de 1930).
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